Blatter y Villar

El zig-zag de Villar


Quiero mucho al fútbol y a la FIFA. Pero a los que más quiero son a mis compañeros del Comité Ejecutivo (…) trabajaremos en beneficio de esta maravillosa familia del fútbol». Con estas palabras abría Ángel María Villar su tarjeta de felicitación al fútbol imputado que conocemos hoy, el mismo 2 de diciembre de 2010, horas antes de que Rusia y Qatar consiguieran la organización de los Mundiales de 2018 y 2022. Apenas un lustro ha pasado, y de los 24 miembros de aquel Comité Ejecutivo (de los que votaron 22, pues dos ya habían sido sancionados para entonces) tan sólo tres parecen libres de todo tipo de culpa hasta que se demuestre lo contrario. Uno de los que no se ha escapado del todo ha sido Villar.

Desde noviembre de 2014 se viene contando -fundamentalmente en Inglaterra- que el presidente de la RFEF afrontaba una investigación interna por negarse a colaborar en el informe de Michael García y Tim Flynn destinado a aclarar estos procesos de adjudicación. Qué tenía Villar que ocultar para no ayudar será un misterio que muy probablemente se lleve a la tumba: el caso es que se negó, y hasta en tres ocasiones, cuando se le buscó por correo electrónico, teléfono e incluso en una visita a la Ciudad del Fútbol que tampoco atendió. Villar no hizo el vacío a los investigadores una ni dos veces (como Franz Beckenbauer), sino tres. Razón de más para que cundiera la sospecha y ganara peso el proceso de investigación interno.

Las razones que García y Flynn tenían para hablar con él, en cambio, eran conocidas y públicas. Meses antes de la votación de diciembre, concretamente en una reunión celebrada el 29 de octubre de 2010, Villar deslizó una nota en dirección a Mohammed Bin Hammam, el hombre fuerte de Qatar 2022, en la que había escrito «Congratulations, vamos a ganar». Bin Hammam no tuvo otra ocurrencia que pedir a Chuck Blazer que se la tradujera: y Blazer lo hizo, dando cuenta a la vez de la notoria imprudencia de Villar y a su vez incomodando al representante qatarí. A la salida de tal reunión restó importancia ante los medios: «No era el momento ni el lugar (…) Es el tipo de cosas que no deberían ocurrir, pero nada más».

El mismo Joseph Blatter estaba al tanto de los encuentros entre Villar y Bin Hammam, así como del pacto entre candidaturas. Y Ricardo Teixeira, uno de los apoyos que que Villar logró para Qatar y miembro de aquel Comité Ejecutivo, reconoció que tales movimientos existieron. Villar, acorralado desde que FIFA encargó este informe que luego censuró, estaba en su derecho de negarse a responder según otro aliado, Vitaly Mutko. Se acogió al sentido de pertenencia, trató de intrusos a García y Flynn e incluso los acusó de querer desestabilizarles. Ha logrado librarse de la acusación por colusión, que FIFA no le imputará por falta de pruebas: pero pagará su resistencia a la transparencia. Un mal que aqueja también a la RFEF.

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