Vox, aborto y nudge

Que la derecha conservadora tiene la batalla cultural perdida en la UE sobre la cuestión del aborto se pone de manifiesto en los bandazos y omisiones que ha dado el Partido Popular en España sobre la cuestión. Opuestos en principio frontalmente a cualquier tipo de despenalización del aborto, los herederos de Manuel Fraga impugnan ante el Tribunal Constitucional las leyes que aprueba la izquierda, razonables y limitadas en comparación con lo que se estila en otras partes, pero más bien con la boca pequeña y sin mucho entusiasmo. Como el PP lo dominan políticos gallegos y cuánticos no están a favor, tampoco en contra, sino todo lo contrario.

Pero ya que la despenalización del aborto está consolidada en la sociedad europea como un consenso de facto, lo que sí le resta a la derecha conservadora son políticas sociales que, sin interferir en el derecho de las mujeres sobre su cuerpo en las primeras semanas de embarazo, redujesen el número de abortos en aquellos casos que ocurren circunstancias económicas. Por ejemplo, con medidas de conciliación mucho más intensas y subvenciones directas y generosas por parto.  O, aprendiendo de la teoría del paternalismo liberal, aplicar nudges.

Un nudge es un término de la teoría de la toma de decisiones de Thaler y Sunstein que refiere a una intervención suave para influir en el comportamiento de las personas para que tomen decisiones que sean beneficiosas para ellas mismas y para la sociedad (¡pero no para el Estado, sus ideólogos y sus burócratas!).  Por ejemplo, legislar para que todo el mundo sea donante de órganos por defecto, pero pudiéndose borrar de la lista de donantes de manera sencilla. Casi todo el mundo quiere ser donante de órganos, pero lo va dejando para mañana… Así se resuelve con este nudge tanto el interés individual como el general (lo que pretendan los políticos, los politólogos y los secuaces ideológicos, repito, está de más).

Las personas a menudo tienen dificultades para tomar decisiones racionales debido a limitaciones cognitivas y emocionales. Un pequeño cambio en el contexto puede ayudarles a tomar decisiones más efectivas. Otro ejemplo, las fotografías de cáncer en las cajetillas de cigarrillos.  Los nudges son diferentes de las políticas de mandato o prohibición, ya que no obligan a las personas a tomar una acción específica, sino que simplemente les proporcionan información u opciones de manera que las personas se sientan más inclinadas a tomar una determinada acción.

Los conservadores han pretendido un nudge en Castilla y León con su protocolo de información a las mujeres que quieren abortar. Este nudge provida no interfiere para la decisión de abortar ni la dificulta, ya que es fácilmente rechazable, así que es perfectamente legítimo. Pero puede suceder con los nudge que finalmente terminen siendo mecanismos de ingeniería social dura encubierta, amén de inútiles. Quizás las fotografías en las cajetillas de tabaco y las ecografías 4D incentivan a alguien en alguna dirección… aunque no en la esperada por el ideólogo de turno. Por ejemplo, las imágenes de las cajetillas puede llevar a algún artista a hacer un collage. O, incluso, pueden incentivar a fumar más: eutanasia del humo. Lo que también podría suceder es que las fotografías supuestamente desincentivadoras en realidad incentiven más si los policy makers son tan inútiles que no miden bien el sentido y la dirección del nudge (como sucedió en España).

Mi tesis es que casi todas las mujeres rechazarían el ofrecimiento de la información suplementaria. Y que si alguna lo ve, seguirá con su decisión. ¿Existe una demanda real de mujeres para más información, o ha sido una ocurrencia de los dirigentes de Vox? Como es más bien lo último, será una medida completamente ineficaz. Moraleja: en general, mejor dejar la ingeniería social blanda, sea progresista o conservadora, únicamente para los casos que importan realmente a los ciudadanos. En este caso, y por una vez es necesario desdoblar el género, sobre todo a las ciudadanas. Aunque, en cualquier caso, bienvenidos los conservadores a medidas liberales de paternalismo blando (recuerden, para ayudar a las personas a hacer lo que realmente quieren hacer, como donar órganos y no fumar) y no autoritarias (caben los empujoncitos para saltar a la piscina, pero no los empujones para arrojar por las escaleras) para llevar a cabo políticas sociales. Mejor así que no como sus homólogos polacos y sus restricciones autoritarias a cualquier tipo de aborto.

Post data: a todos los que se echan las manos a la cabeza criticando la ingeniería social en 4D de Vox en el tema del aborto, recordar las muchas medidas de ingeniería social autoritaria que padecemos en España: desde la prohibición de las drogas al abolicionismo de la prostitución, pasando por la ilegalización de la gestación subrogada. Aunque creo que a todo este autoritarismo políticamente correcto lo llaman ahora “pacto de Estado” y “consenso social”.

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