Un último vistazo

Cristiano Ronaldo en el Manchester United Foto | Imago

La vuelta de Cristiano Ronaldo al Manchester United 12 años después es una excelente noticia para el jugador, que va a rendir sus penúltimos servicios en el club donde bocetó la leyenda, y a la vez una amarga profecía para todo aquel que haya crecido con él desde el descubrimiento en la red de sus primeros trucos eléctricos de videojuego, por entonces más contenido de trastienda de videoclub. Si al menos hubiera ido al City de Guardiola, como se especuló enseguida, podríamos hablar de otra cosa. Una meta, un desafío de madurez: coronar con un campeón de verdad un equipo de figuritas que en Inglaterra no tiene réplica gracias, fundamentalmente, al dopaje financiero que la UEFA pasa convenientemente por alto. Pero el regreso a Old Trafford envía un mensaje de pesadumbre, es la vuelta al origen, el monomito o viaje del héroe. La cara más arrugada, el cuerpo más fino y moldeado, más de quinientos goles después, la memoria atiborrada de pulsos, goles, silbidos, penaltis, Lisboa, Milán, Cardiff, Kiev. Es más notable que nunca ese estertor del fútbol que salió de youtube al VAR, que irónicamente ha sido la herramienta que le negó su último gol en la Juventus -con el que habría ganado el partido in extremis saliendo de suplente-. Con 36 años y medio cumplidos, verdaderamente insaciable, incapaz de cansarse de sí mismo.

Su carrera ha ido a otra velocidad que la del resto y lo mejor para quienes conservamos intacta la memoria de sus castigos a la red es que no parece que la despedida vaya a culminarse a corto plazo, sino que será troceada en fascículos que habrá que disfrutar a sorbos, en la cuna del fútbol y todo eso. Da igual el dinero que se reparta en la Premier, nada esta temporada será equiparable en la envidiada mejor liga del mundo al fichaje de un futbolista que no envejece, sino que se transforma. Aparentemente sin resentirse: el año pasado fue el máximo goleador en Italia (29 tantos) y en tres temporadas en Turín logró en tiempo récord llegar a los tres dígitos. Pero de nuevo hay que recordar que todo esto es un epitafio, que Cristiano quiere fiesta y que Manchester se la va a dar. Es la primera vez en su carrera que podemos ir intuyendo que esto se acaba, algo que con Messi, que es dos años más joven, ya ha pasado en otras ocasiones como cuando renunció a Argentina o envió el famoso burofax al Barcelona. Pronto, antes de lo que nos gustaría, estaremos reuniendo estadísticas con una imperdonable frialdad de torpe ofimática mientras lo que conocimos por fútbol pierde a una de sus piezas más importantes. Ese es el precio de querer pertenecer a la Historia a toda costa: que ningún mito sobrevive al jugador. Por eso, aparejadas a las certezas que se sueltan para volar libres, van también todas las sensaciones que perdemos con la edad.