José Luis Rubiales cree y es capaz de defender públicamente que España -en concreto, la Real Federación Española de Fútbol que preside- ha animado a cambiar la realidad de la mujer en el deporte en Arabia Saudí, Cito textualmente su respuesta a una pregunta -que nada tenía que ver- en la SER sobre la naturaleza del torneo, comprometido hasta 2029 en el país árabe: «A nivel ético lo que estamos haciendo aquí es ayudar al desarrollo de la mujer en el fútbol, que es nuestro cometido: y el resto de cuestiones son cuestiones políticas que permanecen al margen del fútbol. Yo sigo trabajando convencido de que podemos ayudar a los cambios y esos cambios que digo ya son una realidad: hay una liga femenina, eso es incuestionable, las mujeres entran a los estadios durante todo el año, y entran sentadas en el mismo lugar con hombres. Y eso quienes lo pusimos en negro sobre blanco en un contrato fuimos nosotros».

De momento no hay forma de saber si es cierto que la Real Federación Española de Fútbol fue la que puso «en negro sobre blanco» que las mujeres pudieran acceder a los estadios como condición a ceder durante diez años los derechos de una competición nacional deslocalizada, porque ese contrato, de existir, ni es público ni se espera que nadie lo exija. Por lo que sea, no parece un tema muy cómodo de tratar ni en el periodismo español ni tampoco en el ámbito corporativo de la Federación. Una cosa sí está clara: la escasa resistencia del ciudadano de este país a ser tomado por gilipollas tan frecuentemente es algo que los historiadores del futuro tendrán que estudiar minuciosamente, con el objeto científico de dar con esa particularidad española contemporánea de no rebelarse ni aun cuando rebelarse es la forma principal de alineación con el sistema.

Huelga decir que la situación de la mujer en Arabia Saudí con respecto al fútbol -más concretamente, respecto a su participación en eventos públicos- no ha cambiado nada, pero es todavía más desolador pretender inspirar la leyenda de que ha sido un organismo otrora insignificante del normal entramado burocrático de nuestro país el que lo haya logrado. Vamos a pensar por un momento que sí: ¿dónde se había puesto Rubiales el listón de lo aceptable mientras negociaba vender la Supercopa de España a una monarquía absolutista en la que la mujer es despreciada, perseguida y castigada de forma sistemática? ¿La organización de una liga de fútbol femenina semiclandestina en 2022 o que las mujeres no necesiten la compañía un hombre para acceder a un recinto deportivo puede verdaderamente tratarse de «avance» si es fruto, como se sugiere, de un acuerdo comercial?

Hacerse preguntas no está perseguido aún, aunque hacerlas es obviamente otra cuestión. La opacidad con que Rubiales ha tratado este proceso y el escasísimo interés del periodismo en ahondar en la cuestión y llamarla por su nombre tampoco parece que vaya a hacer mucho por la búsqueda de la verdad o lo que fuera. Lo que de nuevo parece algo asombroso es que ciertos vicios del pasado innombrable de la gestión del fútbol en España -más aún en año de celebrarse el Mundial de Qatar– sigan pasando de largo. No atribuyo a ninguno de los intervinientes una inteligencia especial para imponerse, simplemente se pasean grácilmente entre la inopia generalizada de una masa social impasible, preocupada por lo verdaderamente importante. Qué más da, sólo es fútbol, dirán. Y casi hasta hay que darles la razón.

Un pensamiento en “Tomarnos por gilipollas

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