Todo lo que está mal con Promising Young Woman

Promising Young Woman (2020)

Hace 30 años Kathy Bates recogió uno de los últimos Oscars al terror por su papel en Misery, de Rob Reiner, y durante el brevísimo discurso de agradecimiento no le temblaría la voz a la hora de reconocer que interpretaba a una desequilibrada. Tampoco es que quedaran muchas dudas al respecto: cualquiera que haya visto la película -una de las mejores adaptaciones de siempre de una novela de Stephen King– o leído el libro se hará una idea de por qué. La «wonderful, crazy» Annie Wilkes básicamente maltrataba hasta el extremo a su escritor favorito, al que drogaba sistemáticamente para impedirle cualquier atisbo de reacción. Posteriormente, intentaría dejarlo tullido («Lo siento por tus tobillos», le dice a James Caan, que interpretaba al novelista, ya con el Oscar en la mano).

Este año hay otra película con una loca como protagonista a la que nadie querría referirse así porque el mundo ha cambiado mucho en 30 años, pero sobre todo porque la palabra loca ha adquirido una dimensión que trasciende lo peyorativo y que referida especialmente a la mujer ya representa un conflicto integrado de una relevancia superior. En Promising young woman, Carey Mulligan se venga de una amiga que fue violada y abusada durante la carrera persiguiendo, con un método psicópata depuradísimo y en el que recae frecuentemente sin atisbo de moderación, a hombres a los que tiende la trampa de la conquista fácil -haciéndose pasar por una mujer vulnerable en locales nocturnos- para posteriormente humillarlos y enfrentarlos al espejo cuando éstos intentaran aprovecharse de ella.

Más allá del insólito carácter del personaje de Carey Mulligan y de la sólida interpretación de este, cabe constatar la obviedad de que la directora Emerald Fenell diseña a una protagonista de Promising young woman como una mujer con problemas mentales reales, en la medida en que hasta quienes la quieren y aprecian -incluyendo la madre de la amiga perdida- intentan reconducirla sin demasiado éxito, conscientes -constructos y neolenguaje aparte- de que arrastra un trauma que no puede cargar el peso de la justicia sin resentirse. Tampoco ayuda que los breves espacios de luz que cede en su vida, como cuando reaparece un excompañero de carrera aparentemente perfecto que esconde un recoveco semioscuro -en un plot twist más o menos predecible-, contribuyan también a su desesperación.

La protagonista de Promising young woman es una mujer traumada con problemas mentales reales que sin embargo ha sido definida por la crítica como «audaz» o incluso «una heroína»

Como Carey Mulligan no ejerce sólo la violencia contra los hombres -acosa, con una técnica sádica mucho más refinada, a la decana de la universidad que obvió la denuncia de su amiga y a otra excompañera que le dio la espalda y ahora vive una vida adulta plena y feliz-, queda meridianamente claro que más que ante un rape/abuse revenge -subgénero descaradamente al alza- estamos ante un triste drama de individuo roto sin horizonte, algo tan cercano en el tiempo como la sublimación del Joker que interpretó Joaquin Phoenix hace ya casi dos años. Con esto sobre la mesa, cualquiera diría que Carey Mulligan interpreta a una loca igual que Kathy Bates hizo en Misery: sin embargo, por razones más o menos técnicas que intersectan a la perfección con la cultura de la cancelación en auge, la protagonista de Promising young woman es, según las críticas, «audaz», «salvaje» y hasta «una heroína».

En el nombre del cine o de la cultura se perpetran habitualmente discursos de los que el espectador cada vez participa con mayor conocimiento de causa, pero no necesariamente en carne propia (para eso está la agenda setting: Promising young woman ha sido instantáneamente relacionada con el movimiento #MeToo). Sobre rape/abuse revenges estructurados y multigénero se podría trazar un arco infinito entre I spit on your grave y The last house on the left (tanto las originales como sus remakes) que alcanzara a las contemporáneas Revenge (Coralie Fargeat, 2017), Hard Candy (David Slade, 2005) o Elle (Paul Verhoeven, 2016) y abrieran un aparte en aquellas en las que, como en Promising young woman, no es la víctima directa de los abusos la que persigue la justicia: Irreversible (Gaspar Noé, 2002), Bajocero (Lluís Quílez, 2020), La fiesta silenciosa (Diego Fried, 2019), Tres anuncios a las afueras (Martin McDonagh, 2017) o Mandy (Panos Cosmatos, 2018) son algunos ejemplos que acompañan al fenómeno televisivo de Por 13 razones.

En nombre del cine se perpetran discursos de los que el espectador participa cada vez más activamente: #PromisingYoungWoman, alineada con el #MeToo, es el último ejemplo: Clic para tuitear

La diferencia básica entre estas películas y Promising young woman es que ninguna de las anteriores llamó a los premios de la industria, y menos aún con la complicidad de la crítica. Por sí solo esto no significa nada, primero porque el tratamiento del maltrato en Promising young woman es eminentemente psicológico (como en Hard Candy): pero es en esa tramposa epifanía de la desequilibrada mental -el final de la película lo dice todo- donde radica ese curioso giro hacia la erótica de la venganza -aquí hay que volver a citar al Joker y recordar cómo en muchos cines del mundo llegó a prohibirse explícitamente entrar con caretas a las salas-.

El asterisco que el mundo ha puesto a la palabra loca, igual que ha hecho ya con otras palabras que no se pueden usar en público, impide que etiquetemos a la protagonista por su objetiva condición. Algo inocuo si no fuera porque estamos ante una de las películas de las que más se oirá hablar en la temporada de premios (ya está nominada a 4 categorías en los Globos de Oro, 6 en los Critic’s Choice, 10 en los Hollywood Critics Association y ha sido incluida en el top 10 de la National Board of Review, que además nombró mejor actriz a Carey Mulligan). Esa moderna fascinación que algunos lobbies sienten por la justicia fuera de la Justicia y por la respuesta desmesurada a un mundo tradicionalmente hostil definitivamente es algo nuevo que ya obtiene eco y recompensa a gran escala. Es verdad que Kathy Bates ganó el Oscar por interpretar a una loca, pero nadie la llamó «heroína». Y eso que su fin era salvar una saga literaria.