Sólo queda Pedri

Pedri Euro 2020 Imago Foto: Imago

Gane lo que gane de aquí a que se retire, el joven Pedri ya es Historia del fútbol en tanto que es oficialmente el primer jugador valorado no por lo que hace sino por lo que parece que hace. Esto es, por valores novedosos -otrora intangibles- que el big data y su cuento de nunca acabar ha formado para enfatizar voluntades en los informes, tales como ocasiones creadas -sin valorar nada relativo al contexto, que permanece como variable hermética-, pases clave -aquellos que pueden o no pueden dar pie a oportunidades más o menos claras de gol- y, atención, pre-asistencias -el pase anterior a una asistencia de gol-. Vamos a pensar que esta moda pasará y que algún día volverán a ser más importantes las cosas importantes.

Menos mal que Pedri ha sido el elegido por la prensa y el incipiente fútbol macrotecnológico para resolver la incógnita del deporte de élite, porque su explosión mediática está perfectamente validada por el credo de la administración moral de la competición. Dicho de otra forma, que un joven jugador talentoso sólo pueda formarse y disfrutarse a través de números que requieren demasiada explicación y un tanto de imaginación -todo un proceso interno que el aficionado no va a querer hacer-. De hecho en la atribución a Pedri de esos intangibles medidos con tablas y promedios ya hay una notoria voluntad de filtrar el escaso talento bruto del fútbol contemporáneo a través de los algoritmos.

El boom Pedri dice mucho de muchas cosas. La primera, el momento que atraviesa una generación desprovista de espontaneidad y que traslada la discusión del fútbol a estados representativos menos relacionados con el deporte y más con la infradimensión del individuo en el colectivo, pero no como dejó dicho Camus. Se trata más bien de un puente a una sociedad que perciba el triunfo como un conjunto de variables, sin espacio a la creatividad ni mucho menos el talento neto, comprometido. Cuando Guardiola se quejó de que el Real Madrid que goleó a su Bayern era un equipo de atletas también iba por ahí. Yo pongo la aritmética, ellos el músculo, juegan a otra cosa. Como totems fragmentados de un deporte que ya no existe.

Pedri ya es historia del fútbol: es el primer jugador del que no importan los goles o las asistencias sino el peligro que parece que pudiera llegar a crear

El segundo momentum en el que crece el paradigma Pedri tiene más que ver con la incapacidad manifiesta de la información de hacer valer sus certezas. Esto afecta a lo objetivo y también a la noble capacidad del mundo de generar espacios específicos de desarrollo y adaptación (por eso el fútbol del futuro iba a ser en principio de los que supieran leer más rápido sus cambios y rodear las leyes con salvaje aleatoriedad). La prensa deportiva no es capaz de encontrar un punto de apoyo en el que asentar un modelo de proyección que pueda encarnar un sólo futbolista. Esto, unido a la obvia necesidad de hacer de Pedri un hombre, desfigura su actual dimensión real como futbolista y por tanto afecta directamente a la expectativa creada en torno a él, que ya siempre será -independientemente, insisto, de lo que consiga- una medida hiperbolizada e incorrecta.

Pero la carrera por encumbrar a Pedri para apocar su talento, reduciéndolo a un conjunto de estadísticas sin peso específico, sobre todo habla de la incapacidad de regeneración de un estado cultural preso de condiciones agotadoras. No puedes decir que parece bueno y ya, tienes que acudir al porcentaje de pases completados con éxito -sin ambiente, independiente del rival, el clima, la zona del campo, los minutos en que se concentran o su exigencia- para recordarnos que cualquier fútbol pasado fue mejor y desacreditar las sensaciones con, otra vez, ciencia. La ciencia al servicio de un nuevo orden mundial que, claro está, usará el deporte -como está usando la cultura, aunque de forma aparentemente mucho menos invasiva- para conquistar estados de opinión eficazmente domesticados.