Sitges 2020: El terror más allá de Possessor

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Aunque realmente no se puede decir que el premio de Sitges 2020 a Brandon Cronenberg y su Possessor pillara desprevenido al aficionado medio, esta extraña y retorcida edición -y su palmarés- no hacen sino consagrar una tendencia que en los festivales de terror y fantástico de todo el mundo también obtienen eco en el rendimiento que estas películas asumen después en la gran pantalla. Esta conclusión, sujeta a las condiciones particulares que la crisis mundial ha impuesto a la distribución y el calendario de estrenos, viene rumoreada en Sitges desde hace años, pero en los últimos tiempos se ha recrudecido con la aparición en los programas de películas absolutamente alejadas del género que además han tenido la discutible suerte de caer en la parrilla de premios con notable regularidad.

¿En qué medida afecta que ni siquiera un festival de terror -y no cualquiera: el más importante de España y desde luego uno de los tres más importantes de Europa- se ciña a lo que creemos que es, era o debería ser el terror? Possessor es un buen título en el que enfocar este debate. Brandon Cronenberg no parece dispuesto a renunciar al apellido y en esta segunda cinta se abre exponencialmente al fantástico, que recubre de tensión y gore puntual -la crítica se cuidó mucho de advertir tras Sundance que era una película difícil de ver- para establecer puntos de unión con lo que su padre hizo en cintas como Shivers* (1975 y también ganadora en Sitges), Rabia (1977) y The Brood** (1979), escaparate de su época dorada en la introducción de ese concepto fan que se ha generalizado, «the new flesh», que ha dado lugar incluso a vastas teorías psicológicas y que tan bien desbrozaron en el podcast temático de Marea Nocturna. ¿Es esto suficiente para considerar Possessor una película de terror?

Las 31 mejores películas de terror de la década

Post Mortem, la gran sorpresa de Sitges 2020

En Sitges 2020 ha habido, de nuevo, muy poco terror normativo, si entendemos por eso únicamente el de las películas de asesinos sobrenaturales -no valen los meros psicópatas-, monstruos, sustos y casquería. En primer lugar, sigue atizando en las reseñas esa búsqueda constante de complejidad narrativa con la que parecen obsesionados muchos de los nuevos directores -y sobre todo, muchas de las nuevas directoras-, y que parecen invalidar automáticamente esta categorización. Y en segundo lugar, contra las grandes películas extralargas asistidas por las productoras más reconocibles, empieza a asomar una entusiasta rebelión de cintas más modestas, preciosistas y fundamentalmente independientes, de directores noveles y reparto fundamentalmente desconocido, que se atreven con otros códigos sin renunciar al celebrado jump scare, el waterphone o la fotografía de siluetas y luces titilantes.

Películas enseñadas en esta edición como Relic (Natalie Erika-James), Cabrito (Luciano de Azevedo), Breeder (Jens Dahl), Post Mortem (Péter Bergendy), The Dark and the Wicked (Bryan Bertino), Impetigore (Joko Anwar) o Amulet (Romola Garai), además de la mencionada Possessor, mezclan las bases clásicas de ese terror y son obras -varias de ellas debut- que se permiten cierta profundidad de plano, enfoque cuidado y un diseño estructural sin grandes sobresaltos, giros ni sorpresas. Es decir: son películas de terror de nueva generación, algo que los críticos más experimentados saben valorar y puntúan generalmente alto aunque se resistan a considerarlo terror al uso. Esto no hace peores ni mejores a estas películas, solo dificultan su encasillamiento, polarizan las opiniones y desde luego a final de cada año es interesantísimo presenciar los malabares para justificarlas o no en las listas de lo mejor de cada temporada.

El fenómeno Host


Quizá habría que detenerse en el fenómeno Host, de Rob Savage. Host es una película de menos de una hora de duración, original de Shudder y que en España distribuirá La Aventura, que resucita el found footage en el formato de terror tecnológico, algo que avanzara la prolífica saga Paranormal Activity. Ninguno de los found footages recientes había alcanzado una categoría similar hasta este, que lleva el terror a una sesión de espiritismo por Zoom, la herramienta por antonomasia para comunicarse durante el confinamiento mundial provocado por la pandemia del coronavirus. Su efectismo y bajo presupuesto, su humilde reparto (las actrices usan en la película su nombre de pila real), su apuesta por los sustos sin complejos y sobre todo el momentum social y tecnológico que la alumbró la han elevado de forma repentina a una de las películas del año (sus puntuaciones en las webs de cine son ridículamente altas), y Sitges no iba a ser una excepción. Tal ha sido el impacto que la mismísima Blumhouse ya ha cerrado tres proyectos con su director, que lleva semanas rechazando compromisos de prensa debido a la imponente expectación creada.

En los últimos 10 años, mientras nos recreábamos en el horror versátil de Madre! (Darren Aronofsky), Hereditary (Ari Aster), Get Out (Jordan Peele), It Follows (David Robert-Mitchell), Babadook (Jennifer Kent), Baskin (Can Evrenol) o Under the skin (Jonathan Glazer), la verdadera nueva revolución mediática y económica la ha liderado el duopolio conformado por el Warrenverse de Warner (que va por 8 películas y casi 2.000 millones de recaudación en todo el mundo) y la saga Insidious (cuatro películas y más de 500 millones de recaudación), dos líneas de explotación del género que tienen en común un solo nombre del que es deudor todo el ritmo del terror de la década: James Wan. A su alrededor se han levantado numerosísimas piezas de coleccionista, muchas recogidas en esta lista de 53 títulos esenciales -más otros tantos alternativos, más de 100 referencias- de Horror Losers. Películas como Daniel isn’t real (Adam Egypt Mortimer) o Vivarium (Lorcan Finnegan) que en el mejor de los casos llegan a España con una distribución marginal que a partir de este año parece se verá todavía más comprometida.

La cuestión es si Sitges, habitual casa del terror y el fantástico que abraza todos los subgéneros y sensibilidades, podría hacer más de lo que ya hace porque todas estas obras fueran reivindicadas y acercadas a lo que tendenciosamente se llama el gran público, con el propósito de que nadie se viera obligado a la trampa del cine comercial para tener que entrar por los ojos a productoras y exhibidores. 2021, el año del reboot de Candyman apadrinado por Jordan Peele, Antlers (Scott Cooper), Halloween Kills, Morbius (Daniel Espinosa), Un lugar tranquilo 2 o Expediente Warren 3 quizá tenga la respuesta… si quedan cines en pie para entonces y la autarquía digital no se ha tragado lo que queda de autenticidad en la experiencia de ver cine.


* En español, Vinieron de dentro de… (disponible en Filmin)
** En español, Cromosoma 3 (disponible en Filmin)

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