¿Quiénes son los profesores de estas criaturas?

Pamela Palenciano durante un aquelarre Pamela Palenciano durante un aquelarre

« Nos están matando. Vamos acuerparnos para k nos tengan miedo. En cada barrio,en cada calle k los agresores sepan k no están solas... Lo colectivo nos hará más fuertes #esunaguerra el patriarcado en los más machistas está muy violento, #juntassomosmasfuertes». Lo anterior es un tuit que Pamela Palenciano escribió en su cuenta hace unos días. No dice nada nuevo. Un sector muy visible del feminismo se dedica a repetir constantemente que hay una guerra entre hombres y mujeres, que los hombres matan a las mujeres por el hecho de serlo (por el hecho de ser mujeres, pero también por el hecho de ser hombres), que las mujeres tienen que organizarse para que el miedo cambie de bando y que todo esto ocurre -y todo lo que propone ese sector del feminismo está justificado- porque el patriarcado ha decidido que las cosas sean así. No dice nada nuevo y las redes sociales sirven también para esto, para exponer una visión distópica del mundo y de la sociedad, sin ningún rigor científico. Si a alguien no le interesa lo que dicen Pamela Palenciano, Irantzu Varela o Cristina Fallarás, lo tiene tan fácil como no seguir lo que dicen. Y si a alguien le interesa discutir con esas personas, lo tiene tan fácil como entrar en Twitter.

El problema es que Pamela Palenciano no usa sólo las redes sociales para exponer una visión grotesca sobre el mundo. Pamela Palenciano es una activista feminista que se pasea «por todo el Estado español (sic), por toda Latinoamérica» para representar un monólogo de una hora en el que expone esa visión. Y esa visión la expone también, desde hace muchos años, en aulas y salones en los que el público consiste en alumnos de ESO y Bachillerato. Y ahí ya tenemos un problema.

Tenemos un problema no porque los padres puedan no estar de acuerdo con lo que dice Palenciano en su monólogo. Hay que verlo, por cierto. Unos minutos al menos, para saber qué clase de mensajes están normalizados en nuestra «sociedad patriarcal», y para saber qué clase de actos consideran valiosos los responsables de muchísimos centros educativos de España. Tenemos un problema, decíamos, porque los profesores, no los padres, exponen a sus alumnos a una visión falsa, mezquina y grosera sobre los hombres, las mujeres, la sociedad, el mundo y la ciencia. Los profesores de muchísimos centros educativos de España conducen a sus alumnos a un salón y dejan que personas como Pamela Palenciano insulten a su inteligencia. O directamente los insulten a ellos. 

Tenemos un problema porque los profesores exponen a sus alumnos a una visión falsa, mezquina y grosera sobre los hombres, las mujeres, la sociedad, el mundo y la ciencia

En el 1:04:50 del vídeo se produce esta escena, durante uno de los monólogos de la activista: «La Virgen santa, tío. En mi vida me había pasado esto. 16 años con este proyecto y es la primera vez que hago esto. Es increíble, eh. ¿Quiénes son los profesores de estas criaturas? ¿Y los dejáis que se vayan? Pero cómo habéis dejado que se vayan. (…) O es que son mayores de edad, ¿tienen 18? Aaaah, vale, vale, vale. La Virgen, nene (dirigiéndose a alguien del público, profesor o alumno), al final me llevo que uno no es profeta en su tierra, nena. ¿Tú has visto cómo se han venido conmigo? (Dirigiéndose a otra persona del público, profesor o alumno). Alucinante, eh. Tía, hasta el final, eh. ¿Y no os habéis dado cuenta?, ya lo cuento, como no están aquí, que se jodan, ¿no os habéis dado cuenta cómo lo que yo he hecho es ponerles el espejo de andar como ellos, igual, y ellos no se estaban dando cuenta de que estaba imitándolos, en su forma (hace gestos y balbucea a modo de imitación, a continuación se ríe mientras dice lo siguiente), hay que ser gilipollas para no verlo, vamos».

Después de esta escena, en la que se refiere a unos alumnos con palabras como «que se jodan» o «hay que ser gilipollas», se escuchan aplausos. En la sala hay alumnos, pero también profesores. Aquí recomiendo una pausa breve antes de seguir con la lectura, para hacerse a la idea del tema que nos ocupa.

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Continuación y contexto. Se trata de una charla organizada en 2019 por la Concejalía de Igualdad de Linares a la que asisten alumnos de Secundaria y Bachillerato y que ayer volvió a circular por Twitter. Los alumnos de la escena acaban de llegar al salón, al parecer estaban fumando. La activista del monólogo se da cuenta, se dirige hacia ellos y los mete en su performance. «Justo cuando me estaba transformando en tío habéis llegao, nene, esto es el destino». Los alumnos aguantan unos segundos, se levantan e intentan volver a marcharse, sin enfrentarse ni encararse con ella; ella, en cambio, transformada ya en tío, sigue con su número. Se queda donde estaba, sin moverse, pregunta quiénes son los profesores de los alumnos, y en lugar de apartarse dice, desde su representación de tío: «yo me quito cuando quiera, espérate».

La escena es sólo el momento más brusco del monólogo, que dura algo más de una hora. La idea de fondo, por llamarlo de algún modo, es que «el patriarcado hace más de 21 siglos dividió al mundo en dos: a lo masculino lo puso aquí (mano alta) y a lo femenino aquí (mano mucho más baja)». La activista lo establece como verdad evidente al comienzo de su performance, y todo lo demás gira en torno a esa idea, entre gritos, imitaciones de mal gusto y estereotipos. Además de los insultos a alumnos hay tiempo para que la activista hable de «burkas invisibles» que llevan las mujeres de nuestra sociedad, de la longitud de los tacones, de la «supuesta igualdad» entre hombres y mujeres e incluso de que en España, «donde supuestamente hay libertad, te meten dos años de cárcel por cantar una canción de rap»

Es posible que los chavales que se levantan y se van del aula no lo hagan por madurez, sino por algo más básico y común. Es posible que hubieran hecho lo mismo si la charla hubiera sido adecuada, interesante o respetuosa. Pero no lo sabemos. Y da lo mismo. La respuesta es perfectamente aceptable, incluso previsible, porque lo que se estaba produciendo allí no tiene nada que ver con la función de la educación. Lo que no es aceptable es que haya profesores que los lleven a algo así y que permanezcan sentados mientras escuchan lo que su invitada dice en el monólogo. Y que aplaudan después de que una activista use la plataforma que le ofrecen para mentir, para dar un espectáculo de mal gusto y para insultarlos. No es aceptable, y aun así llevamos aceptándolo al menos dieciséis años. Conviene no engañarse al respecto.

Son los profesores los que deben dar explicaciones, y la comunidad educativa la que las pidiera

Esto no es una cuestión de la que deban ocuparse los padres, que bastante tienen ya con velar por sus hijos en casa y en la calle; esto no es cosa de los padres porque la autoridad en los centros y en las actividades educativas es de los profesores. Es a ellos a quienes hay que pedir responsabilidades. No a los padres, y tampoco a las personas que, como Pamela Palenciano, aceptan las invitaciones que les ofrecen; son los profesores los que deben dar explicaciones. De los actos que organizan, de sus aplausos y de sus silencios. Y debería ser la propia comunidad educativa la que pidiera esas explicaciones, y la que exigiera tomar las medidas oportunas. En lugar de eso seguirán normalizando o ignorando, desde el primer profesor hasta el ministro de turno, escenas y actividades en las que se expone a los alumnos a un espectáculo grotesco en el fondo y en las formas.

Esto, por cierto, también forma parte de las cuestiones que afectan a la calidad de la educación. Ahora y en 2050. La afectan en algo más difícil de medir que el gasto, las tasas de repetición o el abandono escolar, pero mucho más importante: la confianza de los alumnos en sus profesores y en la educación pública. Convendría darle la importancia que merece cuando se lanzan análisis y recomendaciones para mejorar el sistema educativo.

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