Nosotros, los visitantes

Estadio de San Mamés, 2021 Estadio de San Mamés, 2021

Cuando comenzó a estar claro que España no jugaría los partidos de la Eurocopa en Bilbao, Iñigo Landa escribió lo siguiente en su blog de Deia: «Mentiría si digo que entiendo su obsesión porque a toda costa La Roja juegue en Bilbao. La respeto pero ni la entiendo ni la comparto. Mientras mis selecciones nacionales (las vascas) no sean reconocidas en su oficialidad, soy contrario a que las suyas disputen competiciones como «locales» en Euzkadi. Cuando lo otro ocurra (que, tarde o temprano, ocurrirá), serán bienvenidos pero (siempre hay un «pero») como selecciones «visitantes». (…) ya pueden gritar, berrear, dar saltitos o bailar la polka… Pueden hacer lo que quieran pero La Roja no juega en Bilbao. Y eso es un dato objetivo por la simple imposibilidad de poder hacerlo con público. Así, no lo va a hacer por motivos de incidencia sanitaria y no lo va a hacer (que también) porque la inmensa mayoría de la ciudadanía no lo aprobamos: Unas y unos no lo hacemos por lo ya expuesto, y otras y otros ciudadanos, sin la excusa del famoso «impacto económico», pues ya tampoco ven un motivo que lo justifique».

Las palabras de Landa, como es habitual, pasaron desapercibidas. Es sólo un blog en Deia, nadie lee el Deia, la mayoría de los vascos no pensamos así. Es sólo un blog en Deia, pero las aportaciones de Landa no se limitan al Deia. Durante años fue el gestor de las redes sociales de la Policía Municipal de Bilbao, gracias a una adjudicación a dedo del Ayuntamiento, y además de en ese periódico también colabora en ETB y en eldiario.es. Aunque lo importante del asunto no es dónde colabora, sino lo otro: cuántos vascos comparten lo que piensa sobre España. Podemos empezar por el representante de todos los vascos, Iñigo Urkullu. Cuando en 2014 se presentó la candidatura de Bilbao para la Eurocopa, el lehendakari dijo lo siguiente«Faltando seis años todavía mi aspiración sería que en esa Eurocopa pudiera jugar la selección de Euskadi. La sede es para que juegue Euskadi». El diputado general de Vizcaya en aquel momento, José Luis Bilbao, fue aún más claro: «España sería bien recibida jugando como visitante contra Euskadi. Sería muy bien recibida, igual que Francia, o que Alemania, o que Inglaterra. (…) Y no se dan las condiciones para que España juegue aquí. Y si alguien quiere pedir mi opinión le diré que mi opinión es que no venga. Y si eso supone que San Mamés no es sede de la Eurocopa 2020, pues que no lo sea».

Así que no, no es sólo Iñigo Landa, colaborador del Deia. Era también el presidente del País Vasco, que aún lo sigue siendo; era el diputado general de Vizcaya; ¿y el alcalde? El alcalde en 2014 era Iñaki Azkuna, una persona muy querida y elogiada especialmente desde fuera del nacionalismo. Un señor, se solía decir. Bien, pues Azkuna pensaba lo siguiente sobre la presencia de España en Bilbao: «Naturalmente, la Eurocopa es buena para Bilbao. La cuestión está clara: ¿Es bueno o no para la ciudad? Es bueno, pues el Ayuntamiento la apoya. Luego, nosotros no hacemos las listas de quién juega contra quién, eso lo hacen las federaciones, esa variable no depende de mí».

Al alcalde del PNV no le hacía especial ilusión que España jugase en Bilbao, sino el impacto económico que la Eurocopa podría tener para Bilbao

Azkuna añadía también, por si no quedaba claro, que no le interesaba entrar en guerras y que apoyaba la candidatura «venga la selección que venga». Al alcalde del PNV, por mucho que fuera un extraño alcalde del PNV, no le hacía especial ilusión que España jugase en Bilbao, sino el impacto económico que la Eurocopa podría tener para Bilbao. Hay que recordar que Azkuna no era un tibio ni un taimado dirigente del PNV. Fue Azkuna quien como alcalde persiguió a las comparsas que en las fiestas de Bilbao exhibían fotos de etarras y el anagrama y lemas de la banda terrorista. No es que fuera el único dirigente del PNV con un discurso claro sobre el tema, sino que por momentos parecía que era el único político con poder empeñado en abordar el problema. La reacción a la sanción -dos años sin poder participar en el recinto festivo- fue la esperada: la solidaridad del resto de comparsas. Tras la sanción, las fiestas continuaron como siempre. Cuando se piensa en las fiestas de la España negra nos vienen imágenes de cabras arrojadas desde un campanario, pero en Bilbao, y en muchas otras ciudades y pueblos del País Vasco, las fiestas sirven para normalizar la adoración a etarras como Txapote, Txeroki o Daniel Pastor.

Volvamos a la fiesta del fútbol. ¿Y qué pasa con la izquierda abertzale? Pues lo de siempre, claro. El 24 de diciembre de 2019 Jone Goirizelaia, dirigente histórica desde los tiempos de Herri Batasuna y portavoz de EH Bildu en el Ayuntamiento de Bilbao, escribía esto en Gara: «San Mamés va a ser sede de la próxima Eurocopa 2020 y en junio acogerá a la selección española en varios partidos. Para unos se trata de un mero evento de carácter deportivo, pero para nosotras supone la culminación de un proceso de colonización cultural y económica. (…) Cuando juegue la selección española, ¿acudirán al palco de honor todos los representantes de la Corona española y nos inundarán Bilbo de rojigualdas? ¿Es esa la imagen que queremos proyectar de Bilbao y de Euskal Herria? (…) Efectivamente vamos a San Mamés y a Lezama e impulsamos a nuestras jugadoras, que representan los nobles valores con los que Bilbao, Bizkaia y Euskal Herria se identifican frente a «la furia española». Y además aprovechamos la más mínima opción para colar que la «roja» no nos representa. Esa camiseta representa hoy a un país con serias deficiencias democráticas y que no respeta derechos fundamentales. (…) Bilbao no merece ser una ciudad al servicio de la precariedad laboral y de la corona rojigualda. Merece ser la sede de la selección de Euskal Herria. Goral euskal selekzioak! Aurrera beti!».

Ernai, la organización juvenil de la izquierda abertzale, las brigadas callejeras de Sortu, organizó otra campaña desde la calle. El 22 de diciembre de 2019, dos días antes del artículo de Goirizelaia en Gara, aparecían carteles en Bilbao con el siguiente lema: «NO a esta Eurocopa. Con Euskal Herria no se juega». La imagen que acompañaba al texto era un montaje en el que Eric Cantona pateaba y rompía la cara de Sergio Ramos. Es interesante detenerse aquí un momento, y pensar si algo tan gráfico despertó a alguno de los vigilantes de delitos de odio. Es interesante hacer el esfuerzo de recordar si el hecho de que las juventudes de Bildu colocasen carteles en los que se partía la cara, literalmente, a un jugador de la selección española de fútbol, abrió algún telediario o fue portada de algún periódico; si alguna de las asociaciones que velan por la tolerancia se refirió a esto como una grave amenaza a la convivencia y a la seguridad, como una muestra de odio o de xenofobia.

¿Ya? Sigamos con Podemos. Su representante en el Ayuntamiento de Bilbao, Carmen Muñoz, se mostraba preocupada también en 2019 por la violencia; por la que podía desatarse si España jugaba en Bilbao, no por la que aparecía en el cartel de la izquierda abertzale. En febrero de 2021 se unió a EH Bildu en la comisión del Ayuntamiento para pedir la retirada de San Mamés como sede de la Eurocopa porque se trata de un «evento masculinizado» y por los problemas que se generan «cuando la testosterona campa a sus anchas». Finalmente, para alegría de Podemos, de la izquierda abertzale y del PNV, España no jugará en Bilbao. La bolsa ya no suena igual, y el precio seguía siendo el mismo. El precio era ver a vascos con la camiseta de España por las calles de Bilbao. El precio era el miedo a que en realidad la selección de España jugase como local en el País Vasco, y también el riesgo de que los que gritan “Españoles, hijos de puta” y los que piden vetar a los “partidos españoles” partieran la cara a algún aficionado con la bufanda de España; ante tal provocación.

Es interesante hacer el esfuerzo de recordar si que las juventudes de Bildu colocasen carteles en que se partía la cara a un jugador de la selección española abrió algún telediario o periódico

El cálculo para el PNV estaba claro. La mancha española, la contaminación nacional, suponía unos costes. En condiciones normales la factura no habría supuesto ningún problema. Será por brigadas de desinfección nacional. Pero llegó el virus. Y con el virus, las restricciones. Y con las restricciones, la disminución del impacto económico. Y para no tener que decir que así no, que ya no les interesaba y que rompían el contrato, pusieron unas condiciones ridículas para mantener Bilbao como sede. Tan ridículas que la UEFA entendió que aquello era una tomadura de pelo. Y ahora las instituciones vascas -Ayuntamiento, Diputación y Gobierno- publican un comunicado de siete puntos contra la decisión de la UEFA. «Somos serios». «Somos profesionales». «Somos coherentes». Y así hasta llegar al último punto, que es el único honesto, aunque eufemístico: «Pedimos responsabilidades». Es decir: pedimos dinero. «Fieles a nuestro estilo», dice el comunicado institucional en la última frase. Y efectivamente, han sido fieles a su estilo. Desde el comienzo del asunto hasta el final.

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Óscar Monsalvo, @rpr3z en Twitter, es profesor de Filosofía en Bachillerato y autor del blog El Liberal de Bilbao