Aunque fue el propio Jordan Peele quien rechazó la mayoría de teorías sobre Nop! que surgieron tras sus primeras proyecciones, el éxito de su opera prima Get Out en 2016 -Oscar incluido a mejor guion- lo catapultó para siempre al abismo de la autoría sobreinterpretada, algo que tuvo cierta continuidad tras el estreno de su segundo trabajo, US, probablemente el más conflictivo (y en consecuencia, exótico) de los tres. Y esta antipática inmersión en el fandom de rutina es lo que parece puede acabar lastrando la regularidad de un creador que dice o pretende decir tanto con tan pocas líneas que para revelarlo como alguien importante en la revitalización del terror y el sci-fi haya que esperar un par de décadas más.

Nop! es muchas cosas, pero esencialmente y desde el título un homenaje a la respuesta constante con que topan las esperanzas. La negación -aquí vulgarizada- de los anhelos es la piedra angular del progreso, desde el más simple de sus arcones (la familia) hasta el más lejano (digamos la vida extraterrestre, como equivalente a lo inverosímil o ímprobo). Pero también describe, y esto en la obra de Peele sí es ya un lugar común, la aceptación de la más cínica soledad. En este caso, implica dos esferas en frugal y salvaje apareamiento: una, la vasta apropiación cultural del legado popular; y dos, la catarsis de los bajísimos fondos en los que se hace ley algo tan a priori primitivo como la paulatina pérdida de la propia naturaleza.

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En Nop! los protagonistas desarrollan un sencillo conflicto sobrenatural con la sorprendente frialdad con que se enfrentarían a una cuita de rutina. Dos hermanos (Daniel Kaluuya y Keke Palmer) huérfanos que representan ediciones modernas del equilibrio aristotélico, mano a mano con una fuerza de otro mundo que arrasa el desierto -otra símbolo del vagar mundano y sin horizonte- alimentándose, o más bien parasitando, modos de vida y recursos de explotación como aparentemente nos quieren hacer creer que ha hecho el ser humano desde que plantó los dos pies firmes sobre la Tierra.

Otros personajes orbitan como fuerzas de un ecosistema autodestructivo: el fotógrafo caduco que no cambió el mundo (culto a la imagen), el emprendedor traumado (la ambición humanizada a la fuerza) o el redneck anodino de turno -aquí latino- infeliz pero noble incorporado al redil como pieza móvil de un mundo caótico y perverso, todos engrasando el rodillo de lo desconocido, la xenofobia más plana en su estado más diáfano.

Donde algunos han entendido en Nop! una ‘simple’ película de aliens -visión que contribuye a desinflar la expectativa, porque llega 50 años después de Encuentros en la Tercera Fase (1977) y parte de su complejidad ornamental ya aparece en Arrival (2016), Independence Day (1996) o hasta en Mars Attacks! (1996) si de numerar referentes socarrones y autoparódicos se trata, otros han rebuscado teorías sobre la colonización, la pérdida de valores esenciales, la espectacularización vía desnaturalización de lo primario y todo a la vez, dada la multiculturalidad del casting -no casual- y por supuesto al trantrán del core de la acidez cómica de Peele, presente igualmente en el nuevo Candyman (2021) y en varios de los capítulos de la nueva versión de The Twilight Zone (2019) que comanda.

La experiencia que relata Nop! tiene en definitiva más que ver con esa alteración del espacio cinéfilo que echa borrones calculados sobre lo que el espectador generalmente no está dispuesto a discutir. Como ya pasara en US, Peele vicia de cierta vanidad un puñado corto de anécdotas para constituir un homenaje a un mundo colapsado por monstruos heredados y amenazas invisibles, deudor de los trampantojos del sci-fi y el terror de los 70 y 80, desde Poltergeist a Tiburón. Un ejercicio de memoria histórica y cinematográfica que otra vez insinúa mucho más de lo que parece y los ajenos al fandom están dispuestos a reconocer.

LO MEJOR : A medio camino entre la sutil originalidad de Get Out y la sobrecargada US, la película parece merodear el punto exacto de madurez de Peele. Kaluuya y Palmer rebosan química complementaria.

LO PEOR : El corte de algunas secuencias sugiere demasiada atención a historias que perturban el mero proceso de entretenimiento, poniendo en jaque la vanidad autoral de su director.

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