La revolución empieza en Keylor Navas

keylor navas 2019

Quién se lo iba a decir al madridismo, que la revolución autoimpuesta de Zinedine Zidane iba a ser no tocar nada en su esquema modular del fútbol. Como es evidente que el francés es un tipo bastante más inteligente y capacitado de lo que la mayoría cree, cabe esperar que la recuperación de Isco, Marcelo y Gareth Bale en su primer once oficial sea sólo una argucia de gestor que ha firmado un contrato largo y no quiere derrochar opciones. Otra cosa es lo de Keylor Navas. El costarricense volvió a la portería, quién sabe si para siempre: competición que no jugaba desde agosto, cuando Thibaut Courtois se consolidó en los planes de Julen Lopetegui. Se ha comunicado en muchos idiomas y a través de los tiempos que la de portero es una demarcación única y presta su vocación de termómetro al estado general de un vestuario. El portero contagia seguridad o nerviosismo, según toque. Se puede confiar en él o no se puede. Medias tintas no hay. Por eso quizá sea la demarcación más sometida a la injusticia subjetiva de la profesionalización: el portero necesita continuidad para no ceder ante la duda y la continuidad compartida es una quimera, por no aludir a causas mitológicas hipercomplejas. Pero la decisión del entrenador debe ser firme y sin fisuras, es la pista que deja al grupo sobre su determinación, y al contrario que con el resto de jugadores de la plantilla, no significa únicamente que un portero esté mejor que otro: sino que uno le encaja más que otro. Que por causas diversas, le viene mejor. En este supuesto sobre todo hay que valorar lo anímico, porque rara vez se elige un portero de acuerdo a la pizarra -sólo cuando se acercan penaltis o prórrogas, y más por intuición que por razón matemática-. Zidane devolvió a Keylor a la portería primero porque es un profesional intachable, segundo porque sigue siendo un excelente portero (lo demostró a los diez minutos, en la primera y única que tuvo en contra) y tercero porque es su portero de las tres Champions League consecutivas. Es de los suyos. Y el madridismo necesita recopilar algunos recuerdos y categorizarlos para recuperarse y recobrar la cordura, si acaso disfrutó de esta alguna vez en la historia moderna. El madridismo necesita perdonar y recuperar el cariño por los suyos.

Zidane ha vuelto al Real Madrid para garantizar sobre todo un método invencible: la moderación. Club y masa social han evitado como han podido el proyectar el caos visible del césped, rematado en la semana de los cristales rotos. A través de Lopetegui y Solari todos los actores protagonistas del madridismo han purgado los miedos de la ausencia, han justificado rencores y hasta han dispuesto carnets y certezas. La elección del francés para recuperar la fe y la tibieza a falta de once jornadas -ya diez- no es ni mucho menos casual. Lo dijo en la presentación: «no tengo mucho que decir». Y así seguirá. Otra cosa es lo que piense, que obviamente se guarda para sí. Aunque se ampara en el amor, es de esperar que aceptar regresar tan pronto al mismo lugar del que salió por desgaste esconde algunas promesas de cara al futuro inmediato que le acercarán lo más parecido a un tipo ideal del que el público reniega por atomización. Claro que es pronto para valorar qué será de la segunda aventura, aunque algo sí es seguro: hay más de entrenador en una elección en apariencia tan inocente como la del portero en su primer partido que en las libretas de muchos que llevan décadas partiéndose la cara por Europa. Courtois no lo estaba haciendo mal, pero había dejado de ser infranqueable. Su fichaje respondió a una apuesta estratégica y en lo deportivo es difícil encontrarle desventajas inmediatas. Desde luego, ha sido el último o penúltimo culpable de la cadena de catástrofes estacionales, igual que es el último jugador en enfrentarse al balón antes de que este salga o entre o choque contra él. Lo curioso es que su suplencia llegara apenas unos días después de que se hiciera público que el club le había intentado ordenar los pensamientos con una de esas charlas motivacionales que deberían quedar de puertas para dentro. No fue el caso. En periodismo nunca se filtra nada por nada. Así que sí: Zidane ha acertado. La revolución empieza por Keylor y por no traicionarse. El verano se presenta apasionante.

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