La derecha huérfana

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Para gobernar, los partidos políticos deben primero tener un proyecto y luego ser capaces de transmitirlo. Hoy la oposición, carente de ideas propias, de líderes valientes y a merced de la izquierda, es incapaz de presentar una alternativa a Pedro Sánchez. Y mientras esta situación prosiga, el resultado será el de nuevas derrotas electorales y largos años de gobierno socialista. El cese de Cayetana Álvarez de Toledo como portavoz del Grupo Popular en el Congreso es, pese a todo, anecdótico. Un síntoma más de los verdaderos problemas que padece la oposición.

Cayetana es brillante no ya por sus ideas, sino por su forma de entender la política. Su capacidad para superar ciertos marcos establecidos por la izquierda y aceptados por la derecha le ha llevado a ser una de las políticas más progresistas del panorama actual; eso mismo, irónicamente, ha provocado que también haya sido tachada de extremista. Fue la persona que mejor supo advertir el peligro de acercarse a la extrema derecha, acomplejados sin ser capaces de marcar un discurso propio. El suyo, radical en la libertad y la igualdad, era el más alejado de su partido frente a VOX, pero también lo era de los actuales planteamientos del PSOE incluso a algunos dentro de su propio partido. En un país donde el centro lo marcan los intereses socialistas, esto la convirtió en extremista.

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Pese a ello, Cayetana ha sabido, a diferencia de la mayoría de los políticos actuales, entender y explicar lo que debe ser la política, buscar el bien común aun cuando implica riesgos y sacrificios propios. Trascendiendo el interés de un partido, ha sido de las pocas personas en España que de forma sincera, y sin exigir vasallajes, ha luchado por la reunificación del centro-derecha. Es más, en los últimos momentos ha defendido lo que ella consideraba necesario para el país: una gran coalición en la que el PP, su partido, tenía mucho que perder y España mucho que ganar. Fue negarse a repartirse el poder judicial con el PSOE lo que acabó orillándola ideológicamente.

Puede chocar decir que, pese a ello, su paso por la política apenas haya dejado cosas buenas en la derecha. Ha puesto en evidencia los vicios de su partido con el nacionalismo, creando malestar interno y volviendo al punto de partida. Como portavoz no ha sabido cumplir en ningún momento su papel, que requería hablar en nombre del partido, y ella sólo es capaz de hablar en nombre de sí misma. Me atrevo a decir que nunca se ha sentido cómoda como política, sin saber aprovechar los cauces institucionales para tomar la iniciativa y siendo a menudo inoportuna. Su nombramiento para tal puesto fue un error, pero su destitución ha sido otro aún más grande, pues no se produce por los motivos señalados, sino por la falsa creencia que esto conseguirá atraer a votantes que odian con todas sus fuerzas al PP. Entre medias, se ha desaprovechado a una de las mejores figuras políticas en España. 

Como portavoz, Cayetana no ha cumplido en ningún momento su papel: hablar en nombre del partido


Cabe pensar qué hubiera podido conseguir Cayetana junto a un líder con el que comparta visión de la política, con el que tuviera sintonía por mucho que no coincidieran plenamente en los respectivos planteamientos políticos. Desde luego, su lugar estaba lejos de la portavocía pero cerca de la toma de decisiones. Es interesante imaginar qué hubiera ocurrido si las cosas en Ciudadanos se hubiesen hecho de otra manera y sus caminos se hubieran cruzado. Es probable que el paso de Cayetana por la política estuviese abocado siempre a la decepción, independientemente de las circunstancias, porque, en definitiva, su lugar sea otro.

Pero, una vez más, lo ocurrido con Cayetana es una nadería frente al gran problema: la inexistencia actual de una alternativa de gobierno al proyecto político del PSOE. Hoy en España la derecha ejerce una oposición a la izquierda sin iniciativa propia, aceptando muchos de sus argumentos y participando de debates banales bajo marcos impuestos. Mientras, se acompleja frente a una extrema derecha que representa la antipolítica y sostiene al sanchismo, de cuya mutua existencia ambos se benefician. Esta derecha, disgregada y sin rumbo, es incapaz de ganar unas elecciones. Su reunificación es una quimera. Lejos de representar la moderación del PP, la marcha de Cayetana representa la negativa del PP a corregir los errores que llevaron su disgregación. Un partido más conservador y mucho menos liberal.

La derecha ejerce una oposición sin iniciativa y se acompleja ante una extrema derecha que retroalimenta el sanchismo


Quienes creíamos en la política más allá del eje izquierda-derecha nos encontramos hoy más huérfanos que nunca. El PP se ha negado una y otra vez a representar una alternativa liberal, más allá de los discursos vacíos de Pablo Casado, y el partido que en su día lo planteó renunció a ello y hoy se encuentra descapitalizado y desnortado, sin nadie capaz de tomar el relevo. Es posible que esa orfandad sea intrínseca al liberalismo, incompatible con la política de partidos, y por eso el liberal en España está destinado a decepcionarse una y otra vez con la política.

Tan sólo hay que ver quiénes celebraron la destitución de Cayetana para saber a quién benefició tal decisión. Su fracaso representa la derrota de los valores constitucionales frente a los enemigos de las sociedades abiertas, que hoy triunfan a derecha e izquierda. En ausencia de un proyecto político que represente una verdadera alternativa a Sánchez, España seguirá gobernada por quienes rechazan la libertad y la igualdad.

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