Interludio cómico

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Qué ejemplo el de una Rosa María Mateo provisional, que en una nación con más de 16.000 muertos tiene clara cuál es la función del ente público: el interludio cómico. Una vez que acabe la serie sobre la pérdida de derechos fundamentales con la que nuestra televisión pública ha decidido explorar los límites del humor durante esta pandemia mortal, en RTVE podrían continuar el experimento explotando el lado divertido de la violencia de género. Tras ser vanguardia global (nadie en todo el mundo se ha atrevido a hacer algo semejante) si los creativos tuvieran ganas de ponerse audaces, siempre podrían engendrar Manadas, una divertida sitcom de enredos sobre la parte más divertida de la violencia sexual. 

En paralelo, un país que ha vivido un fotoperiodismo más que cuestionable, de la fotocomposición de Bauluz al falso cadáver de Chávez, interpreta desde la izquierda una sobre reacción impostada y moralista ante la portada/acta notarial de El Mundo que retrata el interior del Palacio de Hielo. Siempre podríamos borrar los ataúdes poniendo encima emoticonos tristes. Caritas e intensidad como las que ponen las jóvenes brigadas de políticas instagramers tiktokers, a tope con la publicación de vídeos mirando a cámara. Es verdad que no tienen mucha gracia, ni demasiada sustancia, pero le ponen morritos y son, oh paradoja, heteropatriacalmente monas. Sueñan con ser una pequeña Ocasio-Cortez y acabarán siendo una gran Rahola.

Los intelectuales contemporáneos, mientras todo esto pasa, se preguntan por las cosas importantes. Daniel Innerarity se cuestiona por qué aceptamos mejor el confinamiento siendo más grave la crisis climática que el coronavirus. ¿No es esta una reflexión oportuna y fronteriza en 16.000 hogares? Filosofía liminar de primer orden. Dan ganas de llevarse al Geroa Bai-Navarro casa por casa a preguntarles a algunos familiares: oigan, y ustedes, ¿por qué no sé preocupan por la crisis climática?

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Otra categoría sociopolítica de nuestro tiempo, el de los politólogos subidos a banquetas -nuestras nuevas chicas Hermida-, que se preguntaban si no habría muchos cuñaos tratando de usurpar las credenciales de los epidemiólogos en estos instantes de confusión. El riesgo asumido por las personas inmunodeprimidas, o por los viejos, que han salido a comprar sin mascarillas durante el último mes siguiendo las recomendaciones del Ministerio de Sanidad nos importan menos que una posible ruptura en la jerarquía de prescripción, compadre.

En el gremio del dolor, el periodismo vanguardista está subyugado con el estilo comunicativo de la Ministra de Trabajo y cuando hay tanto a la mano que contar suspende su labor. Dejan de relatar que hay 3,5 millones de parados y 2,6 millones de personas en ERTEs. Dejan de dar voz a los autónomos, las empresas y los trabajadores que pasan este confinamiento angustiados, todo para quedar conquistados bajo el estilo comunicativo funky y fresco de Yolanda Díaz. Qué paradoja, ahora que hay tantas historias con piel que contar en la calle, acabar concentrándose en si una ministra va disfrazada de Tootsie.

Recuerdo que nos costó un plante de la mitad de los medios que este Gobierno contestara preguntas en rueda de prensa


En regiones rurales de la India, tras distintos rumores esparcidos por whatsapp diferentes turbas atacaron, ahorcando y quemando a sospechosos de haber agredido sexualmente a mujeres. A partir de esos incidentes, India quedó inscrita en un sistema de control anti bulos que impide que compartas mensajes y vídeos por sistemas de mensajería instantánea como whatsapp. En España hemos quedado insertos en el mismo sistema de control de la información porque la gente compartía vídeos e informaciones criticando al gobierno. Al parecer es un riesgo para la democracia denunciar el uso de ‘hechos alternativos’ por parte de Sánchez y sus portavoces. Recuerdo que nos costó un plante de la mitad de los medios que este Gobierno contestara a preguntas en rueda de prensa. 

No sabemos aún cuánto nos costará que renuncien a la geolocalización de nuestros móviles. Que renuncien a la geolocalización de los móviles de sus rivales políticos. A la geolocalización de los móviles de los periodistas, los empresarios, los intelectuales, las personas relevantes en la configuración de una opinión pública sana e informada en un país. Los móviles de esas personas, y los de sus parejas, los de sus amantes, los de sus traiciones, los de sus debilidades. Cómo nos sacudió ver en el cine La vida de los otros. Ahora la película somos nosotros.  

El comic relief tiene un papel sustancial en toda peli de acción. Del 007 de Sean Connery, la Jungla de Cristal, o el Fast and Furious millenial, el protagonista va pegando tiros en hoteles y aeropuertos. Un ojo moral que se detuviese en el escenario podría llegar a observar que tras la coreografía violenta hay un cadáver sangriento que cae al suelo. Es ahí donde un chiste o un comentario ingenioso lanzado con ritmo siempre aligera el momento de tensión dramática. «De esta salimos todos unidos» tiene cada vez unas resonancias más oscuras. Yipi Ka Yei, hijo de puta. 

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