Hemos vencido al virus

Vinicius Real Madrid 2021 Vinicius Real Madrid 2021

Hemos interiorizado que muchas vidas no volverán a ser las mismas después de esta opereta sostenida de la pandemia y su aplicación práctica a la política. Por eso ha sorprendido, como una revelación ilustrada, que Vinicius Jr saltara con el todavía poco público disponible para celebrar su golazo ante el Celta, en uno de esos partidos del Madrid galáctico en los estertores de la primera era florentina. Partidos que acababan en goleada local a la fuerza ante equipos presumiblemente menores que se adelantaban una o hasta dos veces en el marcador. Rescatado por agentes de la policía nacional de entre las gradas y los ciudadanos enmascarados que volvían al Bernabéu, Vinicius Jr nos regalaba la estampa definitiva de la nueva anormalidad: un futbolista celebrando un gol con los suyos. Lo de siempre, pero en una época en la que reivindicar lo de siempre te puede vincular directamente con el criptofranquismo. Sí, lo hemos leído.

Arrimándose al público desafiando las absurdas normas de contención de una pandemia que renquea -y que convendremos que ya no es tal, pero cuyos retruécanos y licencias públicas han hecho las delicias de autoritarios y hombres y mujeres de fe en la ciencia-, Vinicius también ha contribuido a renovar la imagen platónica de acceso a la realidad: no va a pasar nada por abrazarnos y volvernos a tocar. Este caldo de cultivo para el triste y depresivo egocentrismo inmaterial que ha estado vigente en España durante meses pierde preponderancia teórica ante ciertas evidencias que la ciencia de los expertos portavoces no deja de matizar mientras la vida avanza. Vinicius ha decidido que el mundo gire, y ha elegido un buen escenario -la primera versión del nuevo Bernabéu- para imprimarlo en el entendimiento de los escépticos. Ni los más tristes, que aceptaron no cantar, no besarse y no hablar para aplanar curvas cada vez más insignificantes, podrán reducir esa velocidad.

Más allá de lo que esa imagen célebre pueda dejar a interpretación, como una figura alegórica, estando el jugador rodeado de mascarillas y gente feliz, convendremos en reconocer que lo principal que esta suerte de simulacro de apocalipsis controlado ha estrechado ha sido la espontaneidad. No sé si Vinicius es el jugador más espontáneo que queda vivo sobre la faz de la Tierra, aunque gestos así ayudan a reconciliarse con lo que éramos antes de que nos precipitaran al vacío saltando de mentira en mentira. El fútbol nunca es tan importante, aunque de cuando en cuando ayude a restaurar algunos de los micro órdenes que procesamos como animales racionales y sociales, dos causas en peligro en la época de lo efímero. Mucho más efectiva que cualquier cara campaña institucional embozada en el cuarto poder ha resultado ver saltar a un chaval con el homo ludens recluido en pantallas durante demasiado tiempo sin una causa verdaderamente justificada. Ahora sí hemos vencido al virus.

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