Del 15-M, Milhouse y la coleta

15-M , diez años después 15-M , diez años después

Uno de los autores que se leía mucho en Somosaguas, allí donde los politólogos más genuinos, los fetén, anidan, era a Ignacio Ramonet. Tanto en Le Monde Diplomatique, que ya era muy chic llevarlo colgando del sobaco hace veinte años, como en algunos de sus ensayos sobre teoría de la comunicación. «El telediario no está hecho para informar, está hecho para distraer. Está estructurado como una ficción. Es una ficción hollywoodiense. Comienza de una cierta forma, termina con un happy end». El 15-M, con toda su matraca buenista de huertos urbanos, corrillos y Quechuas recién compradas, fue un machacón parte (ríete del NO-DO de Paco) que duró lo que se quiso que durase en directo pero que después se fue troceando adecuadamente para metérnoslo enlatado de múltiples manera.

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Mira el 15-M. Ojo al 15-M. Un Nunca Mais evolucionado por la izquierda pero con su chasquita por las noches, sus porrillos y sus lechugas plantadas en papeleras. Recordemos que el chapapote de la crisis económica era negrísimo y con siete años de Zetapé a los mandos. Y sin embargo, fue también una advertencia y una llamada —más cierta de lo que nadie analiza—, a la violencia. Llevamos una década de violencia. De amenaza de ella. Una violencia latente por callada y a la espera. La calle, la movilización ciudadana, la implosión social. Docudrama. Novelón. Tomar el kilómetro 0 de Madrid y repetir la gracia en otras ciudades españolas. Un serial consentido y un entretenimiento televisivo. Una ficción guionizada con los indignados como palmeros y auténticos tontos útiles. Y dándole mucho a la batucada. ¿Qué ha pasado con las batucadas? ¿Ya no hay batucadas? Que vuelvan las batucadas.

Podemos nace de la oportunidad de instrumentalizar el hartazgo: no es política, es trilerismo. Una estafa

Cayetano Galapagar -el artista antes conocido como Coletas– y Milhouse fijo que se han leído a Ramonet. Si me he leído yo algo (que no tengo estudios) casi seguro que ellos, que son lisensiados, se lo han embaulado entre pecho y espalda. Saben perfectamente que la política es lo secundario. Lo menos importante. Lo realmente prescindible y accesorio. El complemento. Lo principal es el espectáculo y el show. Ese telediario de Ramonet que hoy se multiplica desde internet y las redes sociales a las plataformas televisivas. El éxito del 15-M y el hecho de que diez años después estemos hablando de aquello tiene que ver más con el uso propagandístico y la puesta en escena (y en los medios) de la performance que de otra cosa. Y el estiramiento del chicle posterior. Muchos piensan que Podemos nace de la indignación y mi teoría es que nace de la oportunidad de instumentalizar este hartazgo. Parece lo mismo pero dista de ser igual. Es un arribismo al que subirse y exprimirlo. No es política, es trilerismo. Un estafa. Ruido, alerta antifascista, tramabuses, bukaneros a sueldo y esas cositas. El tiempo está demostrando esta teoría donde aquellos círculos que iban a traer un tiempo nuevo se están quedando en una Izquierda Unida pasada por Netflix pero con Garzón y sus hortalizas en lugar de Julio Anguita.

Miren si es cierto lo que les digo que no hace ni cuatro días de la caída de la coleta y ya está Milhouse presente en todas las salsas. Es el nuevo entorchado del 15-M. El seductor y el de las esencias. Existe Yolanda pero no tiene el pedigrí del que ha tocado pelo de Iglesias tantos años a pesar de la riña. Y lo bien que viste con sus politos Fred Perry. Qué ternura. Mimosín. Fíjense cómo han empezado a dar bolilla a Mihouse estos últimos días. Bañito y masaje. El príncipe que vuelve del desierto arropado por Timón y Pumba cantando aquello del hakuna matata y el soy madre y médica. No sabemos si dará el sorpasso al Psoe (no usen el término sorpasso que es pelín hortera) pero de lo que no me cabe duda es de que tendrá un happy end para él como ya lo tiene ese Don Galapagar bien peinao buscando acomodo en ca’ Roures.

Esto es el 15-M, finales felices y televisiones giratorias, las mismas que los auparon, para los que supieron ver la oportunidad y estar en el despacho universitario adecuado en el momento justo. No sean tontos y déjense de ideales. Aprendan de ellos que lo mismo llegan algún día a ministros. O ministras. O ministres.