Carta a Xabier

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Galdácano, 14 de septiembre. Te alegrará saber que en Galdácano estamos en fiestas, tiempo propicio para el recuerdo. Hoy es además el día grande, la Exaltación de la Santa Cruz. Este año, ya sabrás, las fiestas no se han podido celebrar con normalidad. El virus -no es metafórico- ha dejado muchos miles de muertos, así que no habrá txosnas y por tanto no tendremos el habitual homenaje fotográfico a los que sólo fuisteis responsables de unos centenares.

Te alegrará saber también que el año pasado hubo en la Casa de Cultura una exposición con la obra artística de Jon Bienzobas, Karaka. Aunque eso imagino que ya lo sabías. Igual que sabrás que al fin gobiernan los tuyos en Galdácano. Qué cosas, ¿verdad? De celebrar en la Herriko cada vez que uno de vosotros salía de la cárcel a llevar el bastón de mando.

El año pasado hubo más cosas. Por ejemplo, una campaña para que los vecinos conocieran la injusticia que se comete con vosotros. Durante varias semanas el pueblo apareció con carteles en los que salíais tú, Bienzobas, Crespo, Krutxaga… Menciones a ama y aita, kilómetros recorridos, mapa de destinos, y al final del todo Free them all. Y algún día saldrás libre, claro. Espero que más tarde que pronto. Pero en esos carteles faltaba algo, como bien sabrás. Faltaban Alfonso Morcillo, Miguel Ángel Blanco, Fernando Múgica, José Ignacio Iruretagoyena, Gregorio Ordóñez y muchos, muchos otros. Faltaban los hechos. En realidad lo que faltaba era tu participación en esos hechos, porque al final lo importante es entender que los que faltan no faltan por casualidad, sino por causalidad.

Expresamos preocupación por los jóvenes que no saben lo que hicisteis (…) pero lo relevante es que el conocimiento de lo que hicisteis no basta para desactivar el culto


Tú y muchos otros como tú sois la causa directa de que falten todos ellos. Directa y única. Porque no hay más. No hay ‘conflicto‘, ‘violencias‘ (en plural) ni historia que explique lo que decidisteis hacer. Si faltan todos ellos es sencillamente porque tú, Xabier García Gaztelu, decidiste asesinar y mandar asesinar. Hubo muchos otros que compartieron tus circunstancias y decidieron acompañarte.

Otros prefirieron no molestar -no molestarse- y os mantuvieron el saludo, que es algo mucho más fácil de mantener que la mirada. Y también hubo quien decidió, con circunstancias parecidas o distintas, plantarse ante vosotros. La mayoría, sospecho, no lo hizo por entrega a una causa noble sino precisamente porque en su vida había cosas mucho más importantes que una causa noble. Unos padres, unos hijos, una aspiración a cierta, aquí sí, nobleza de espíritu. Quienes se plantaron ante vosotros lo hicieron porque intuían que la única dignidad a la que aspiramos no es la de los pueblos sino la nuestra, la de cada uno. Y asesinasteis a todos los que pudisteis.

Si esta carta la estuviera escribiendo un buscador de introspecciones ya te habría preguntado: ¿por qué? Pero no va a ser así. Lo menos interesante de alguien que hace lo que tú hiciste es el porqué. Por la misma razón tampoco se lo preguntaría a los asesinos de Atocha. Uno de ellos, por cierto, Francisco Albadalejo Corredera, habría fallecido en prisión -lo hizo de cáncer en el hospital de Salamanca, cumplido un tercio de su condena-, igual que tus compañeros Kepa del Hoyo o Igor González. Por las mismas razones: porque decidieron asesinar.

Marcha en Bilbao contra la dispersión de presos terroristas, 2018 📷 Flickr

Llevaste una vida entregada al mal. Al horror. Y por eso este ejercicio. Porque el trato real con alguien como tú tiene que dejar marcas en la conciencia, pero al mismo tiempo convivimos con personas que os traen constantemente al recuerdo y al espacio público, así que sólo nos queda el trato en abstracto, desagradable pero necesario. Necesario porque hace unos días tu partido, Sortu, convocó un acto en la Plaza Moyúa, en Bilbao. Haserre Gaua lo llamaron. Noche de ira. Allí acudieron muchos jóvenes que conocen lo que hicisteis y que aun así deciden integrarse en el culto. Es importante esto: conocen lo que hicisteis. De vez en cuando expresamos preocupación por todos los jóvenes que no os conocen, que no saben lo que hicisteis y que no saben a quiénes deshicisteis. Pero eso no es lo relevante. Lo relevante es que el conocimiento de lo que hicisteis no basta para desactivar el culto. Lo relevante es, precisamente, el culto. Y sus sacerdotes. Hablaron Arkaitz Rodríguez y David Pla, durante la noche fueron dedicando aplausos a los miembros de la “banda… ETA” -esto ya te lo habrán contado- que han ido muriendo mientras cumplían condena. Lo de siempre.

Pero hubo algo destacable. Más destacable, quiero decir. No nos engañemos, que en la plaza de una ciudad como Bilbao se aplaudan los nombres de miembros de ETA no es noticia. A lo que me refería es a que también durante la noche cualquiera que se pasara por allí podía detenerse en una mesa para escribir una carta a alguno de los etarras que aún no habéis escapado de la cárcel, en sentido literal o platónico-cristiano. Y en fin, se me ocurrió que sería interesante aprovechar la ocasión, aunque sea desde la distancia. No para que te llegue a ti, que es bastante improbable, sino para que le llegue a alguna de esas personas a las que sólo les queda un recuerdo débil de lo que hiciste y de lo que eres. Imagina si alguna de esas personas es un vecino nuestro, ¿eh? No me engaño, muy pocos de nuestros vecinos leerán esto. Pero imagina, Xabier. Imagina que en los años que aún quedan hasta que vuelvas al pueblo nos da por recordaros con cierta frecuencia, e imagina que alguno de los jóvenes que iba a entrar en el culto se lo piensa mejor y descubre eso de lo que hablaba antes, la nobleza. Imagina.

Y con esa idea quiero dejarte. Tienes mucho tiempo para imaginar todo eso. Seguramente has aprendido a enterrar los detalles más crudos de tu pasado con la esperanza de que el futuro te traiga sólo abrazos y aplausos. Pero imagina. Imagina que cuando vuelvas al pueblo hay vecinos que recuerdan quién eres y qué hiciste. Que hay vecinos que prefieren mantener la mirada y no el saludo. Imagina que cuando salgas de la cárcel sólo te espera el juicio silencioso de tus vecinos.

Imagina, Xabier, que cuando vuelvas al pueblo todos los jóvenes conocen lo que hiciste, y que les importa. Aunque sea sólo durante unos minutos.


Óscar Monsalvo, @rpr3z en Twitter, es profesor de Filosofía en Bachillerato y autor del blog El Liberal de Bilbao.

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