Breeder amplía el catálogo nórdico de Sitges

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El especial idilio que mantiene el Festival de Sitges con el terror y el fantástico nórdicos vivirá otro capítulo en la edición del presente año con la proyección de Breeder, película danesa dirigida por Jens Dahl que aterrizará casi directamente desde el mercado virtual del malogrado festival de Cannes. Los trabajos anteriores de Jens Dahl le conectan con el también director y guionista Nicolas Winding Refn o con el actor Nicolaj Coster-Waldau -ambos con cierto pedigrí en Sitges; el primero pasó a clásico instantáneo con The Neon Demon en 2016 y el segundo, un habitual, estrena este año The Silencing tras presentar Suicide Tourist en la pasada edición-.

Las notas argumentales de Breeder dejan poco a la imaginación y cruzan algunas de las premisas de títulos como A cure for wellness (2016) o el reciente (2019) remake del Rabia de David Cronenberg, dirigido por las hermanas Soska. En la película, una paciente obsesionada con borrar las huellas del paso del tiempo descubrirá un complejo subterráneo en la clínica donde se trata en el cual los seres humanos son víctimas de innombrables experimentos que llevarán al extremo la experiencia del visionado, además de reverdecer el debate sobre los límites de la ética al avance de la ciencia.

El propio Jens Dahl, en entrevistas promocionales de la película, ha reconocido su interés en el bio-hacking, una puerta abierta de par en par al body horror desde tiempos inmemoriales y que ha tenido en el propio Cronenberg a uno de sus más entusiastas representantes. No en vano, el propio hijo del director, Brandon Cronenberg, presenta este año Possessor, cinta de terror que recabó no pocos elogios en Sundance y que, como Breeder, Impetigore o la española Bajocero, están aún pendientes de ser anunciadas por la organización del festival.

Una larga tradición

La relación de Sitges con el fantástico y el horror nórdicos lleva varias décadas en boga y es rara la edición a la que no se presenta mínimo un título procedente de esta parte del mundo en la que el género se desarrolla con propuestas tan razonablemente exóticas. El danés Lars von Trier, referencia de nivel cuando se habla de cine de género europeo, ganó en 1991 con Europa, película narrada por el mítico Max von Sydow fallecido este mismo año y galardonado con el Premio Honorífico de Sitges 2016.

La finlandesa Rare Exports: A Christmas Tale (Jalmari Helander), también ganadora a mejor película en 2010, enriqueció una lista que ha contado con títulos de Dinamarca (Christoffer Boe hizo doblete en 2005 con Allegro y Reconstruction, volvió en 2010 con Everything will be fine y gustó en 2011 con Beast), Noruega (Christmas Blood, de Reinert Kiil en 2017), la propia Finlandia (Lake Bodom de Taneli Mustonen en 2016 y Dogs don’t wear pants de J-P Valkeapää el pasado año) y, sobre todo, Suecia, país de origen de una de las grandes películas de terror de este siglo, Let the right one in (aka Let me in) de Tomas Alfredson, proyectada en 2008. Otros títulos relacionados son Sound of Noise (de Ola Simonsson y Johannes Stjarne Nilsson, producida a tres bandas entre Suecia, Dinamarca y Francia), Into Eternity (del danés Michael Madsen) o Zoo, película sueco-danesa dirigida por Antonio Tublén.

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