30 Monedas (2020) Lovecraft en Segovia

30 monedas hbo 2020

De entre todas las inclemencias de este olvidable 2020 quizá la invocación del espíritu en vida de Lovecraft era la única que faltaba por tachar; suerte que sir Álex de la Iglesia supo prever este vacío para volcarlo enteramente en 30 Monedas, la macroproducción con la que HBO despide noviembre. Esta gran obra de refundación del horror clásico sitúa el Dunwich moderno en Pedraza, Segovia (para curiosos: el pueblo donde se rodó el inolvidable anuncio de la Lotería de Navidad de 2013), enclave de todo lo que puede salir mal. Y lo hace recubriendo con historias locales de terror semidoméstico toda una conspiración cainita para derribar lo que en los escritos representa la Iglesia, resignificando el recuerdo de Judas mártir y desafiando nada menos que la convivencia vecinal, uno de los constantes irónicos creativos del director en su carrera.

En realidad la impronta de Álex de la Iglesia es indeleble y, sí, inolvidable. 30 Monedas no sólo acompaña un importante argumento inicial con causas de género: también ha diseñado para ello unos personajes de excepción a cual más logrado. La amplia horquilla cubre desde el alcalde fortuito que rompe en héroe (Miguel Ángel Silvestre) al cura renegado (Eduard Fernández) que devuelve en el espejo la mirada de Damien Karras -vigorexia e inclinación autodestructiva incluidas-, escoltados por dos intérpretes femeninas (Macarena Gómez y Megan Montaner) preconfiguradas para la competencia intrasexual. Todo este guiñol costumbrista no sería completo sin la genial colección que prolonga la segunda unidad y que incluye a muchos de sus nombres de confianza: Pepón Nieto, Carmen Machi, Paco Tous, Jaime Ordóñez, Secun de la Rosa o Nuria González: grandes profesionales con carreras prolíficas a los que virtualmente hemos interiorizado como actores y actrices de corral de comedias, lo que hace todavía más interesante su acercamiento al horror.

El brochazo lovecraftiano a lo español es igualmente significativo. Así, la corrupción, la envidia, el recelo comunitario -mucha atención a algunos diálogos que son sencillamente para enmarcar…- o los nudos románticos a tres y hasta a cuatro bandas son agregados narrativos que completan y rediseñan otros recursos más sonados del género. Porque para huir de la sosa idea antológica, 30 Monedas agrega a sus monstruos y transformaciones kafkianas lo terriblemente mundano, una poza de inspiración inabarcable que desde Hitchcock a Ari Aster ha servido a todos los creadores marcados para hacer llevadero y hasta presentable este vistazo a lo oscuro. Y Álex de la Iglesia, que este año celebra el 30 aniversario de El día de la Bestia, es precisamente un maestro en rascar en la herrumbre social virutas que infecten el terror por el terror, como queda patente en muchas líneas de guion abiertamente imbuidas de grotesco surrealismo patrio.

La premisa central de la serie, el contubernio pseudosatánico con base en el mismísimo Vaticano, es llevado con esmerado ritmo cinematográfico mientras el espectador se va cargando de experiencias paranormales: granjas malditas (el primer capítulo es un homenaje constante a esa conjunción doméstico-monstruosa referida), ouijas, desapariciones, resurrecciones, espejos que enseñan lo que no se ve, mutilaciones, portales interdimensionales, realidades paralelas, sangre a borbotones y por último, una privación sensorial climática de ascendencia cronenbergiana. Este recorrido por los avatares del terror revelan inspiraciones infinitas, algunas obvias (El Exorcista, La Niebla, Oculus, Creepshow) y otras menos figuradas, en el diseño de los miedos y costumbres del pueblo (como en La Tienda, de Stephen King, con chamán incluido), el folk horror setentero sobre supersticiones y reliquias (Blood on Satan’s claws) o la tensión subliminal que reduce las relaciones a hilos tirantes como en Carrie o ¿Qué fue de Baby Jane?.

LO MEJOR : Básicamente todo, desde el diseño de producción hasta el numeroso y volcado reparto. Monstruos, conspiraciones, asesinatos, terror de muchos grados y un nervio constante a ritmo de tambor y corneta procesionarias. Difícil pedir más.

LO PEOR : Los puristas podrían atragantarse intentando digerir esa doble vuelta al concepto de conspiración: tenemos al enemigo fundamental al lado, no enfrente.