El último hombre sin miedo


Llegué bien a Getafe y aparqué mejor, cerca del lugar de la cita, tras las preceptivas maniobras frente a un berlina familiar en doble fila en la zona de carga y descarga de un mercadito que hace esquina. Seis minutos antes de la hora (12:54), llamé a la puerta. Miguel Ángel Galán, precandidato a la presidencia de la Real Federación Española de Fútbol, ultima en un despacho compartido con otros dos compañeros sus líneas de trabajo antes de viajar a Dubái al día siguiente. Tras los jaleos mediáticos de Zidane (resopla) y Abdul Mohsen (a quien se refiere como Osama y por quien sonríe) le han buscado más: pero su primer hit fue desafiar lo que él define como la “dictadura” de Ángel María Villar (28 años) al frente de la RFEF. Miguel Ángel me hace esperar diez minutos más durante los cuales no frena la actividad en las oficinas de CENAFE, su empresa, que podría haber pasado por un call-center si hubiera cerrado los ojos y apretado muy fuerte los párpados. Al recibirme extiende la mano desahogado y, visiblemente relajado, se arranca en favor de su sueño.

“Está mejor que nunca”, confiesa. Apenas le he preguntado qué tal y ya prácticamente lo cuenta todo: “No estamos tanto en los medios porque hemos decidido hacerlo todo clandestinamente hasta que llegue el momento en que se convoquen oficialmente las elecciones, que es cuando sacaremos todos los tanques a la calle”. En esa carrerilla toca ya asuntos sobre los que volveremos: “Si empezamos a decir qué apoyos tenemos del fútbol, la herramienta federativa dictatorial ejercerá presión sobre esos clubes amenazando con malos arbitrajes u otro tipo de cosas”. Pese a que he encendido la grabadora, apunto en una libreta verde lima puntos que va soslayando con la sutileza adquirida de un barista del centro. Desvía la mirada a todo lo que escribo, sin dejar de hablar: “Me han llamado más de 700 presidentes. Algo tendrá que hacer Villar para contrarrestar nuestras propuestas, aunque sería la primera vez en 28 años”.

Miguel está cómodo, tranquilo, en presencia tanto de la grabadora como de la libreta. Es como si ante la certeza de que puedo publicar cualquier cosa que diga se creciera en lugar de arrugarse, y hay respuestas que recita por sistema, como al enumerar la cantidad de apoyos que ha recibido. Cuando le busco las cosquillas, regatea hacia dentro: “En la parte alta de la clasificación hay un club muy top que me apoya. Y otro con el que tengo pendiente reunirme”. Luego se lo recuerdo y enlaza con uno de sus puntos fuertes: la independencia arbitral: “Clubes como el Real Madrid, el Atlético, el Valencia… van a apoyarme porque voy a apostar por el arbitraje independiente. No va a haber Galanato”. Y el corolario a esta intervención es gráfico, cuando incido en denuncias y apoyos de árbitros en activo o retirados: “El término Villarato no se inventa por nada”.

Abunda en el colectivo arbitral porque lo conoce de cerca. Reconoce apoyos de Fernández Hijonosa, Arcas González, Pérez Lima o Paradas Romero, todos sufridores en carnes propias del supuesto control que Villar ejerce junto a Sánchez Arminio de los árbitros: “Te puedo contar mil cosas”. Pero pone un ejemplo fuera del fútbol profesional: “Un árbitro cobra 40 euros por pitar un partido de fútbol femenino. Si se paga la victoria de un Barcelona a 1,20 o 1,35 le dice a un amigo que apueste 1.000 euros. Y pitándolo él, ¿quién va a ganar? Se saca 200, 300 euros extra. Todo eso hay que regularlo”. Interpelo a claras si le consta que esto pase regularmente, si puede ser como él apunta un método de presión a quienes estén con su plan. “¡Lo he vivido en mis carnes! Y existe. Ya ha habido dos o tres clubes en Castilla y León que han sido sancionados con otras excusas por posicionarse. Pero me espero eso y cosas peores. A Tebas y Fernández Hinojosa, por ejemplo, les han puesto detective privado. Y yo he tenido detective privado hasta hace poco. No puedes decir que venga de la RFEF, pero está denunciado”. Intuye que esto va a salir, así que recula a medias: “Está claro de dónde vienen las cosas, pero yo no acuso a nadie”.

A Tebas y Fernández Hinojosa les han puesto detective privado

Sobre esa guerra subterránea me apetece especialmente incidir, dada su potencial relevancia, y aunque no da muchos más detalles, tampoco huye: “Ha habido muchas denuncias, nos hemos cruzado muchas veces. Cuando hemos puesto denuncias por amenazas, robos, agresiones… nunca hemos señalado a la RFEF porque no tenemos pruebas. Denunciamos y ya. Sí ha habido cruces de burofax con el secretario general (Jorge Pérez) con tintes amenazantes relacionados con la escuela, del estilo vamos a tomar acciones legales por convocar cursos de director deportivo. Dicen que tienen la patente, y no la tienen.” Aquí saca pecho con una viñeta: “Antes ellos eran Coca-Cola y yo Pepsi; ahora yo soy la Coca-Cola y la Pepsi, soy el centro de formación de entrenadores más grande de Europa. Eso les quita mucho pastel.” Lleva además la cuenta pulcra de las denuncias cruzadas: “He ganado todas salvo una que no ganó nadie, en la que sólo me negaron la legitimidad. Pero ellos dijeron que habían ganado”.

Voy intuyendo por su discurso que Miguel Cardenal, Javier Tebas y Luis Rubiales serán puntas de lanza para desnivelar o no el proceso a su favor. A Tebas le tiene en alta estima, y enumera sus logros como presidente de la LFP: pero también reconoce que en su día retiró las denuncias a Villar porque el G30 le obligó. “Sucumbió al puesto en contra de sus ideales”. Incluso desliza un consejo: “Tebas necesita un buen departamento de comunicación, porque hace cosas buenas y no se le valoran. La gente incide más en cosas malas.” Consultada la LFP por esta parte, se defiende con un escueto: “La opinión es libre”. Galán pone otro pero a Tebas: “No está pensando en el fútbol del aficionado, y es de lo que quiero convencerle”. ¿Cómo? “En vez de tanto sancionar cánticos, que está muy bien, vamos a educar a través de los representantes de las aficiones. No pasa nada porque nos reunamos con ultras: es como aquel debate sobre si el Gobierno se debía reunir con ETA. Falta ese representante de los aficionados o de peñas importantes”. También tiene para Cardenal: “El secretario de Estado para el Deporte no contesta con comunicados, tiene que contestar con expedientes sancionadores, demandas, querellas”.

No pasa nada porque nos reunamos con ultras: es como aquel debate sobre si el Gobierno se debía reunir con ETA

Hay algo que me pica durante la charla y son, más que los porqués, los cómos. Los porqués los explica él muy bien: “Tenemos una dictadura de 28 años y luego 17 mini-dictaduras con sus 17 generales: utilizan el miedo, intentan callar la boca con amenazas, sacan normativas para fastidiar a clubes o empresas… Sí, está bien definido, es una dictadura y lo digo abierta y claramente. Hace falta que la democracia llegue a la RFEF, y yo quiero hacer esa transición democrática”. Luego desvela su hoja de ruta: “¿En qué consiste esa transición? Primero, en echar al dictador. Luego, en sentar las bases que permitan la alternancia política. Por eso una de mis propuestas es limitar el mandato a 8 años y abrir la RFEF a la sociedad civil”. Como en menos de veinte minutos ha hablado de tanques y dictaduras, me intereso por el esqueleto de la revolución. Y se lo tiene estudiado: “La gente que se presentó antes no se sabía la herramienta electoral. Son 180 votos, 107 pertenecientes al fútbol no profesional. Es casi el 60%. Por eso donde hay que centrarse primero es en el fútbol no profesional”.

En su programa lleva promesas variadas al fútbol marginado por Villar, que él engloba bajo el título de “no profesional”. Miguel también improvisa, como cuando menciono la liga de filiales –que piensa poner a la altura de la 2ª división, con sistema de ascensos y descensos con 2ªB- o la reestructuración de esas categorías inferiores (“Habría que darle una vuelta a todo”). Otra de sus medidas estrella es la concesión del 5% de los derechos televisivos a la AFE de Rubiales, aunque reconoce que es la única que no depende de él. Espera que las empresas quieran dar su nombre a las competiciones de 2ªB y 3ª división y se señala como salvador real del fútbol femenino: “Lo de (Jorge) Vilda ha sido un lavado de cara y un brindis al sol, porque me consta que Quereda sigue mandando en la sombra. Evidentemente ha cambiado porque ha entrado un entrenador moderno y actualizado: pero levantar el fútbol femenino depende de que entre yo y pueda ayudarles con medidas igualitarias”.

Lo de Jorge Vilda ha sido un lavado de cara y un brindis al sol, porque me consta que Quereda sigue mandando en la sombra

Su relación con los medios es particular. “Hay medios que me apoyan y es público y notorio. Otros no, han sucumbido al poder, llamas a la puerta y no te abren. Luego pasan cosas como lo de Zidane o lo del sirio y me llaman cincuenta veces, no les das la entrevista y encima se enfadan y te llaman miserable en antena. Hablo de medios grandes”. Reclama la equidistancia utópica a la prensa (“No deberían tomar partido”) y usa el ejemplo de su gesto con Osama para desnudar a algunos: “Me han acusado de beneficiarme de ello para promocionar mi candidatura, algo que desmiento. No puedo evitar que traiga repercusión, pero esta me favorecerá en un sentido y me perjudicará en otro”. Miguel aprovecha este bloque para recordar la denuncia a Zidane: “Me decían que estaba loco, que Florentino me iba a hundir. Y nos atendieron de maravilla en el Bernabéu con Osama. Tengo buena relación con Butragueño. Aquello fue un tema de defender a los entrenadores y la justicia deportiva me dio la razón”. Pero vuelve a tirar de las orejas a los medios: “La supuesta corrupción de la RFEF nunca ha sido lo suficientemente investigada. Cardenal reclama a Villar que justifique una subvención de 6 millones: a mí Cardenal me acusa de haber recibido 6 millones y no haberlos justificado y al día siguiente estoy imputado o inhabilitado o algo”.

Miguel emplaza al final de la conversación a las elecciones, que espera para febrero de 2016. Aunque vuelve a marcar territorio: “Depende de cómo le dé el aire (a Villar): de si las convoca con el Real Decreto o con el código FIFA. Si es con el código FIFA puede convocarlas a finales de junio. Eso sí, si no las convoca antes, el 31 de marzo tendrá una denuncia por mi parte porque estará incumpliendo el Real Decreto que regula los procesos electorales”. Abreviando la despedida se reivindica (“Soy una alternativa real, buena: una persona que proviene de abajo, tengo una empresa solvente y no voy a tener la tentación de meter la mano en la caja”) y deposita su total confianza en el voto electrónico: “Cuando un presidente o árbitro coaccionado vaya a dar a la tecla sin que le vea nadie, dará a lo que él crea que tiene que hacer. Y voy a ganar las elecciones”. Pero insisto: ¿le compensa? “Ya soy ganador. Estoy despertando mentes y conciencias que estaban dormidas. El hecho de que haya salido ha provocado que todo el mundo quiera usar a personas, clubes… para ganar elecciones. Antes ni se molestaban. Así que la gente tendrá que ver quién empezó esto”.

No voy a tener la tentación de meter la mano en la caja

Cuando detengo la grabación, le pido que me enseñe si puede algunas de las denuncias que dice ha cruzado con la RFEF y otros. Rebusca entre un manojo de fotocopias y extiende algunas sobre la mesa. Me señala una en concreto, “la última”, dice, y me invita a leerla. Es una amenaza que encontraron en un sobre cerrado con celo hecho pedazos dentro de las oficinas, de un individuo que se dirige a ellos con todos los calificativos posibles por haber ayudado a Osama y su familia. Se encoge de hombros: hay de todo. Me deja hacerle una foto. En la hora de entrevista le suena dos veces el móvil: las notas iniciales de su tono de llamada son inconfundibles. Es ‘Mi gran noche’, de Raphael, que lleva en sus versos el melodramático “Qué pasará / qué misterio habrá” con el que Miguel Ángel Galán se inspira, a sus 36 años, para derribar una “dictadura” inaceptable a ojos de la democratización que sueña para el fútbol español. “Yo no tengo miedo a nada”, termina. Y sonríe.

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