Under the Shadow 2016 Netflix feminism

Under the Shadow: Feminismo a medias

Teherán, 1988. Presumiblemente febrero, en el marco de la agonía del conflicto iraquí-iraní del que ambos fingirían retirarse meses después, ya con la población iraní masacrada (un tercio huyó y dos tercios del total que se quedaron fueron asesinados o gravemente heridos). En mitad de la hecatombe histórica humana, el novel Babak Anvari plantea una cinta corta -menos de hora y media- de terror que cautiva en Sundance primero y en Sitges 2016 después: ‘Under the shadow’, traducida literalmente en España como ‘Bajo la sombra’ y disponible por cierto en el catálogo de Netflix. La película, de producción británica y rodada íntegramente en persa, se presentó sin éxito a la relación de Mejor Película Extranjera para los Oscar que vienen, criba que sí pasó la iraní ‘The Salesman’, aunque si por algo captó a la crítica fue por su anacrónica revisión del papel de la mujer en el Irán de los 80, esto es, el inmediatamente posterior a una revolución cuya aplicación a la causa feminista es tan tibia como revisable. Narges Rashdi, la protagonista, abre la historia pagando su activismo político con la prohibición de reincorporarse a los estudios universitarios que aspiraba con finalizar como promesa a su difunta madre; un marido de la época y al que no cuesta situar en los países islámicos de hoy la espera en casa para enfriar esta contrariedad, poco antes de ser llamado a filas por el ejército para combatir en la guerra. El personaje de Rashdi se queda entonces a solas con su hija, una niña apocada pegada a una muñeca que luego secuestraría un rato el argumento.

El exigente comienzo de ‘Under the shadow’ ya prescribe un prejuicio sobre el tamaño de la metáfora que el director pretende cernir sobre la historia: la mujer protagonista está lejos del antagónico ideal de mujer libre y no hay apenas una escena en la que no lo sugiera. Shideh, que es como se llama la madre, practica ejercicio en ropa de deporte que corre a cubrir cada vez que tocan su puerta, especialmente si lo hace un hombre. El imprescindible alegato a medias contra el papel de la mujer en el Irán de hace 29 años repercute ampliamente en toda la historia que encapsula y que en definitiva es sobre la que se apoya la sinopsis: lo que tendría que trabajar únicamente como marco temporal especia el relato y cuestiona con socarronería el término mismo de la denuncia. Sometida, Shideh se desempeña como puede contra su rebelión interna, por ejemplo evitando discutir con su marido -del que toma a destiempo el consejo de abandonar la ciudad- o negando a su atribulada hija los delirios de espíritus que los niños de su quinta le han contado, y que los propios adultos maceran en lo que Irak va desenvolviendo fuego contra las principales ciudades iraníes. La alegoría es un vehículo sentimental, politiza el terror alejándolo de la época actual y casi lo hace más efectivo a través de ese canal. Lo más importante de ‘Under the shadow’ es que suscita al espectador la tirria de lo imaginado: hay una escena emblemática al respecto, en la que Shideh es detenida junto a su hija en la calle y amenazada con la pertinente flagelación por salir huyendo del demonio de su casa descalza y con la cabeza sin cubrir.

Bien, esta realidad, sin atisbo de licencia artística alguno, permanece hoy en este y otros tantos países islámicos. No es en absoluto necesario retroceder a 1988: el fundamentalismo religioso que aposentó la victoria de 1979 está más que arropado por la sharia y en 2017 las autoridades iraníes pueden aplicar, con el amplio y asombroso visto bueno de la totalidad de su población, castigos físicos públicos tales como la lapidación hasta la muerte, revisado en el código penal en 2013. Igual que no es necesario remontarse treinta años en el tiempo, huelga decir que esto ya escapa al ámbito de la ficción con el que puede retroalimentarse el cine. En 2014, la también actriz iraní Leila Hatami saludó con un beso en la mejilla al director del Festival de Cannes y fue salvada in extremis del escarnio público a la vuelta a su país pese al clamor popular para flagelarla. El recuerdo a medias denunciable en la intentona macabra de ‘Under the shadow’ de tergiversar el terror habría sido más rotundo y efectivo si cabe en su aplicación si el director la situara en la Teherán de 2016, donde todavía están prohibidas -y castigadas- las relaciones extramatrimoniales, por ejemplo. Así mismo se hace sano y saludable preguntarse si esto que los medios internacionales han registrado como alegato feminista -vital en la industria con mayor sobreexposición- no ejerce más como velo o alpiste para rodear hábilmente las restricciones a las que la mujer se pliega en países islámicos hoy, cuyos derechos obvia paradójicamente la feroz turba de microsensibilidades occidental.

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