‘Patria’ y el fin de ETA

Patria Fernando Aramburu ETA

«ETA surgió del pueblo y ahora se disuelve en él» es una amenaza tan velada que resulta difícil interpretar en el comunicado de la banda terrorista que efectivamente desaparecerá sin pretender cobrarse las restricciones que ha exigido a su descomposición. Mientras algunos de sus ideólogos y enlaces mediáticos con la civilización se mantengan impunes en ayuntamientos, medios de comunicación y redes sociales, la obligación de la memoria sostendrá una pelea desigual por comprar un perdón de pega, a medias y tramposo, o si mantener vivo el recuerdo de todos los asesinatos sin resolver. Estos días han corrido fotos de tragedias que los nacidos entre los 80 y los 90 no tienen tan frescas: embarazadas, niños, niñas, puros viandantes, ciudadanos inocentes, todos bañados en sangre, que es la ideología de los psicópatas. A medida que ETA fue espaciando sus atentados logró estrechar lazos con la política -así hasta hoy-, borrando de la rutina el terror mascado de lo previsible.

Pues si quieres cogernos, corre. Y se partían de risa. Once, doce años. Unos mocosos. Un poco por ahí empezó la lucha armada


¿Por qué crees que sigo con vida? Necesito ese perdón. Lo quiero y lo exijo, y hasta que no lo consiga no me pienso morir


Si lo da todo por los demás, en el equipo de balonmano, en el trabajo, en todos lados, ¿cómo no va a darlo por su pueblo?

Contra el olvido se publicó en septiembre de 2016 Patria, de Fernando Aramburu, Premio Nacional de Narrativa en 2017, que cuenta la historia de dos familias enfrentadas a cuenta del terrorismo que una de ellas ampara. Porque es imprescindible reconocer en parte de la sociedad española -no sólo vasca- una enfermedad particular capaz de justificar el asesinato de niñas y embarazadas, por ejemplo, por una cuestión en teoría política -nada más lejos-. Algo impensable en el contexto de lo cabal primero, y de la burbuja de hipersensibilidades de género de la actualidad, capaz incluso de inmiscuirse sin complejos ni vergüenza en la separación de poderes. En su mismo génesis, Patria era un libro marcado: ¿Podía haber abordado esta novela si no se hubiera producido el anuncio del cese de las armas en Euskadi? «Podía haber escrito otros libros pero no Patria» (en El Periódico). En Hernani preguntaban con sorna si el libro iba sobre la represión de Franco.

Tú dale duro al euskera, que también es parte de la lucha


Las víctimas estorban. Nos quieren empujar con la escoba debajo de la alfombra (…) y si desaparecemos de la vida pública y ellos consiguen sacar a sus presos de la cárcel, pues eso es la paz y todos tan contentos


Lee todo lo que puedas. Reúne cultura. Cuanta más, mejor. Para que no caigas al agujero en que están cayendo muchos en este país

Mientras haya un pero, habrá ETA. Mientras haya un es que, habrá ETA. Siempre se permita a cualquiera albergar -y expresar- la más mínima duda acerca del conducto de la violencia como vía, habrá ETA. Y lo más importante: siempre que se homenajea a un terrorista que sale de la cárcel, que se pretende diálogo sobre los asesinos, que se minimiza el dolor o se compara, hay ETA. Todo forma parte de un proceso, lento pero seguro, de blanqueamiento y desintoxicación que podrá calar sobre generaciones sin escolta, pero que las anteriores, por razones más que evidentes, no pueden menospreciar. Patria se dice una novela no juiciosa que sin embargo sitúa rápidamente a los terroristas en el lugar que les deparaba la historia mientras ellos creían luchar por un pueblo. Como herramientas impersonales de una barbarie mayor, quedaban enseguida reducidos a eslogan cuando eran apresados.

Me da que anda por el pueblo aprendiéndose de memoria lo que pone en las pancartas. Por encima de todo defiende a su hijo


Sería la de Dios que se os colara un español en la familia. Igual hasta es policía y con la excusa de salir con tu hermana se dedica a espiarnos a todos, empezando por ti


Se creen héroes porque llevan pistolas (…) al final no hay más premio que la cárcel o la tumba. Lo han dejado todo para romperles la vida a otras personas, dejando viudas y huérfanos por todas las esquinas

Sus familias miraban -miran- hacia otro lado siempre, primero por no contravenir las normas de lo pasional y segundo por puro terror y conservadurismo. Lo siguen haciendo, desplegando el presoak etxera con permiso de representantes políticos actuales criados en democracia a quienes el peso de los disparos y los cristales rotos les cogió de niños, fuera de la órbita populista. Pues bien: Patria, aun publicada en 2016, aún debía bordear la censura y no la franquista precisamente. El propio Aramburu reconocía necesitar tiempo para escribir una obra lo más inatacable literariamente. Patria puede contar la historia de dos familias de ficción, pero está tristemente lejos de ser un libro de ficción. De ahí su probado éxito del lado racional y el recelo del lado laxo con el terrorismo, aún representado en escaños contantes, una amenaza real y sonante al recuerdo de las víctimas: ese es el legado a defender. 

En mi pueblo estarán diciendo, bajito para que no les oigan: esto es una salvajada (…) pero en el fondo todo seguirá igual. La gente acudirá a la siguiente manifestación en favor de ETA, sabiendo que conviene dejarse ver en la manada. Es el tributo que se paga para vivir con tranquilidad en el país de los callados

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