El debate de los deberes

Deberes o barbarie


A los pequeños libreprensadores imaginados por Jean-Jacques Rousseau en Émile hace más de doscientos cincuenta años se les aparece cada vez, con concisa verborrea, un grupo de herederos ideológicos desenfadados que reabren debates sobre la idoneidad del niño feliz frente al operario de instituto; un debate que los medios alimentan a distancia, pues todavía la censura a los aprendices de padres fundadores son desacreditadas con una fiereza reconocible que traba las posibles vías de conformidad inmediata. La corriente de asociaciones y autores reclamando para sus descendientes una carga menor de trabajo fuera del aula a menudo da de bruces con las inexcusables obligaciones que la Educación ha venido cumpliendo, siempre en la medida en que se les ha dejado, con alumnos que pertenecen a un grupo todavía menos homogéneo que el de sus espontáneos vasallos. «Hay una generación de padres que se sienten hiperresponsables de la felicidad de sus hijos, mal entendida, cuyo proyecto vital pasa únicamente por modelar cómo les va saliendo sin dejar un ápice al azar», es la opinión de Berta González de Vega, madre y periodista de Educación en El Mundo, además de colaboradora en Smartick, un método de evaluación personalizado. «Se juntan varias cosas, pero es importante asociar el descenso demográfico y la repentina aparición de padres atosigantes afanados en el que aprendizaje haga felices a sus hijos».

Cuando salta a los medios que hay padres que propugnan tiempo libre entre semana para sus hijos y que critican las horas que estos trabajan en casa durante su época más susceptible al aprendizaje, es inevitable que acuda la cuestión de si todos los padres del mundo -reducimos la cuestión a España, con la que está cayendo– pueden garantizar un ocio regular a sus hijos, que esté reñido con una correcta atención a los deberes mandados en clase que no tienen manera de saber cómo han atendido. Berta apunta no sólo a la visible injusticia social, sino a la guerra cultural en la que en definitiva desemboca este mensaje inflado: «Un niño de familia de status medio-alto crece y se forma sencillamente hablando con sus padres; padres mejor formados ponen retos a sus hijos, les ayudan mejor, saben cómo suscitar ese aprendizaje. Pero la alternativa a familias más desfavorecidas no son paseos o atardeceres, son dos horas de media de televisión al día. Es un mensaje que hace daño a quien más necesita de la igualdad de oportunidades». Berta, además, cita a Gregorio Luri («se está siendo cruel con los más desfavorecidos») y denuncia el «ombliguismo de la clase media-alta». En efecto, no parece que detrás de la campaña contra el exceso de deberes o los deberes mal puestos (que menciona Ferrán Caballero en este artículo en El Subjetivo) estén los padres que no concilian o aquellos cuyos recursos dificultan un tanto eso de disfrutar un ocio rotundo con sus hijos de lunes a domingo.

Deberes o Barbarie | CEIP Padre Coloma Madrid

El siguiente paso es cuestionarse entonces si tras la legítima preocupación por la educación -individualizada- de los hijos respira otro promotor, sea del tipo mediático o ideológico. «Las propias asociaciones de padres ya están enfrentadas y politizadas», dice Berta en relación a la reciente y pasmosa polémica entre CONCAPA y CEAPA. Considera «excesiva» la atención de los medios a esta pelea concreta aunque reconoce que «cada colegio es un mundo» y cree «una barbaridad entrar a legislar sobre deberes», algo en lo que ya se ha dado los primeros pasos en la Comunidad de Madrid (con el apoyo de PSOE y Podemos y la abstención del PP). Es más preocupante, salta a la vista y también en su opinión, qué tipo de mensaje está calando en su hijo un padre que cuestiona y desautoriza: «El niño interpreta que la autoridad no está reconocida», como dice Berta, representando los mismos padres otra autoridad a la que pueden terminar por desafiar a corto plazo. Porque una de las cosas malas que tienen los niños es que dejan de serlo enseguida. También alude al celebrado y ritual cherry picking (selección interesada de realidades de un modelo) al que muchos padres recurren para defender su postura: «Los padres no pintan nada en los colegios finlandeses, donde la autoridad del profesor es incuestionable». Son padres que reblandecen las partes destinadas a endurecerse de sus tiernas copias: «Dejan una tolerancia mínima a la frustración». Y, como escribe Ferrán Caballero en el artículo antes referido (con contrapunto en este otro de Lea Vélez), «el descubrimiento de los propios límites» es una de las lecciones «más difíciles y necesarias» que nos tiene preparadas este carrusel.

 «Más que por los padres, en el centro que dirijo los que tienen cierto reparo son los profesores. En algunos casos, diría que es inquietud ante las quejas» cuenta Carmen Pascual, directora del CEIP Padre Coloma de Madrid. ¿Están los profesores autocensurándose, entonces? ¿Es este el primer objetivo de padres cuyas asociaciones, en algunos casos, ya han ejecutado la opción incluso de empujar a sus hijos a hacer huelga? «El profesorado sí tiene en cuenta la opinión de los padres respecto a la cantidad de tareas que envían, pero esto no impide que sigan haciéndolo. En contra de lo que publiquen medios y encuestas, somos profesionales comprometidos tanto con la formación curricular como humana de nuestros alumnos. Esta polémica en absoluto influye en nuestras programaciones». ¿Y respecto a la politización? «Supongo que la presencia de asociaciones de padres y madres en organismos relacionados con la Educación no es casual, pero es una polémica muy poco representativa en relación al día a día de los centros», explica. Carmen rechaza el enfrentamiento de posturas irreconciliables y de hecho identifica taras y posibles soluciones: «A nadie se le escapa que el nivel académico de las últimas leyes educativas es insuficiente, y los contenidos cada vez menos profundos». En los políticos, muchos de los cuales son padres -pero todos fueron hijos-, existiría parte de esa respuesta: «Nos preocupa que no exista un pacto por la Educación que pueda perpetuar una ley sensata».

Deberes o Barbarie | CEIP Padre Coloma Madrid

Al final es necesario cerrar el debate de nuevo en torno a la idea. Algo tan antiguo -mínimo- como Rousseau, la sublimación de la felicidad del niño, su flexible y personalizado plan de superación de las adversidades, es tan fácilmente ideologizable que no puede pasarse por alto esta posible perversión derivada. A los adultos -no viejos; adultos- que sí recuerdan su infancia, al menos, debe temblarles el cuerpo ante exigencias y amenazas de asociaciones que no dirigen el foco y que más bien empiezan a adoptar suculentos vicios de contrapolíticas para nada novedosas o progresistas: «Prefiero pensar que los padres que protestan no son de ningún perfil concreto», explica Carmen, quien en cambio reconoce que el trabajo del profesorado está «más cuestionado por la opinión pública que por las familias». Donde norte y sur se encuentran es en solicitar cordura, tanto a esquivos como a obtusos: «Debe haber un tiempo destinado a afianzar conocimientos o a terminar lo que no se ha finalizado en el colegio, pero tampoco creo que deba ser una pauta diaria. Sencillamente, cuando el profesor lo considere oportuno y siempre acordado entre los equipos», resuelve Carmen en sintonía con la hipótesis de Berta de la autoridad incuestionable del profesorado. O lo que es lo mismo: deberes (consensuados por quienes están capacitados y señalados para ello) o barbarie, acaso moderna y feliz, de desayuno para los déspotas del mañana.


Fotos cedidas por Carmen Pascual, con todos los derechos y permisos gestionados y aprobados


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Un comentario en “Deberes o barbarie

  • Isabel

    El articulo es muy bueno, y todos al final pensamos lo mismo… o quizás no.
    En los centros hay horas de más y de sobra para poder dar todo el temario y proceder a hacer todas las actividades que correspondan a dicho temario.
    Dejar a los chicos que se peleen en casa con cosas que jamas han dado (por ejemplo hacer trabajos cuando nadie les ha explicado en clase como se estructura un trabajo) o hacer ejercicios de Ciencias sin ser corregidos inmediatamente, solo afianza los conocimientos mal adquiridos.
    Distinto es que se pongan deberes de ampliación: buscar información sobre tal o cual tema, formar grupos de trabajo de investigación… Ay amigo! Pero esto si que supone un esfuerzo sobre añadido a estos profesores mal valorados en España.
    No me enrollo más, que de este tema hay mucho que hablar….