Sevilla

Celebrar a Emery


En la previa de la final de Europa League los sevillistas eran minoría representativa y los ingleses, la salsa del fútbol. A su mística deportiva el Liverpool ha añadido esta temporada la mística psicológica, pues en manos de un monstruo soliviantado como Jürgen Klopp las cosas sólo pueden tender al caos más bello y ordenado. Así planteó su Liverpool la semifinal contra el Villarreal y el último paso en Basilea, de ahí el baño y trasiego futbolístico al equipo de Unai Emery, desabrochado y quieto en banda. Pero en la segunda parte entró en acción el doble lateral diestro con un Mariano liberado de plasma y un Coke barrial para, en asociaciones de equipo grande, dar a Sevilla lo que era suyo. También pululaba en el videomarcador un Kevin, Gameiro en este caso, que tampoco estará en la Eurocopa verbigracia del inmovilismo de Deschamps. Pero no hemos venido necesariamente a hablar de fútbol: lo que ha logrado el Sevilla es historia. Ya está. Se puede decir abiertamente y sin tapujos. Liberaos. Como cuando se reconoce una fechoría mediana: ese revisionismo interior va a traerte más alegrías que penas durante tu vida.

Puede que el Sevilla te caiga muy mal, pero alégrate al menos por Emery, uno de los pocos tipos de España a los que han dejado trabajar. Explica las cosas tan sencillas y tan a la manera de Emery que no hay quien se atreva a rebatirle las intermitencias de los jugadores con más nombre, fundamental esto en el fútbol de portada y tuit de hoy. Un tío que premia el fútbol pero redistribuye talento a su alrededor, para que a nadie se le olvide de lo que difícil que es autoabastecerse en ecosistemas de tamaña exigencia. El único que no se ha autocomplacido, que no nada en excusarios de diva: y eso que para ir de diva tiene ya razones sobradas. No sólo imprime su método: además, entrena y pasea por Europa a un equipo con un expresidente corrupto, algo que sin duda computa a favor del relatillo. No conviene olvidar que Del Nido, en la cárcel, puso en marcha toda esta obra. Y cuál no habrá sido su aportación al fútbol que se ve y el que no se ve para que el mismísimo Villar, ahora hombre de paja de la UEFA, pasara entre sus colegas una carta de apoyo, como esas horteras de cumpleaños, redirigiéndole su fe. Juande, Kanouté, Puerta, Maresca, Alves o Bacca fueron antes: razón que todavía da más fuerza y sentido a lo de un Sevilla al que reconocer ni es fácil ni educado. Es un equipo ganador hecho a sí mismo: con millones, sí. Pero con tiempo. Y paciencia.

Es una verdadera lástima que en tiempos de geometría y gansadas, la prensa no arrime más el hombro a la gesta: que rodee lo puramente deportivo para ahondar en el detalle, malversando el mensaje. Te puede dar más o menos cosa, pero hasta el más bético de los béticos se levanta hoy consciente de lo que tiene al otro lado del río. Y eso que el Sevilla venía rebotado de una Champions de la que le eliminó, entre otros, el Manchester City de Pellegrini al que no tenía mérito eliminar. Va a ser que la vida no es tan simple. Va a ser verdad que el Sevilla nunca se rinde, aunque los más vivos recordarán para siempre la vez que se rindió contra el Granada en uno de los finales de liga más lamentables que se le pueden imputar a nuestro fútbol cainita. Quizá otros recuerden las manos de reminiscencia obrevil que pudieron traducirse en penaltis para el Liverpool. Otros recordarán a Del Nido, otros al impresentable de Cristóbal Soria haciendo apología de la antideportividad. Lo bueno del fútbol es que es un relato interactivo en el que cada uno elige cómo seguir su propia aventura. Pocos entrenadores de élite como Unai han hecho tanto tan mal reconocido por quienes se agarran a sus atriles con dedos finos de servidumbre. El castellano no tiene, sencillamente, tantos elogios como insultos. Seguro que es eso.


Foto: uefa.com

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