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Aperitivos de la nueva FIFA

Cualquiera que haya leído la petición de restitución que la nueva FIFA de Gianni Infantino ha remitido a la justicia estadounidense pensará que por fin algo va camino del cambio en el fútbol mundial, pero lo mejor, dicen los optimistas sin solución, está siempre por llegar. El texto que el máximo organismo del fútbol mundial saca en todos sus canales de comunicación y destaca en su web exige la devolución del dinero ganado ilícitamente por todos los exmiembros de su Comité Ejecutivo que en la actualidad penden en diferentes procesos como imputados cuando no como condenados en firme por una causa e investigados por otra. Apuntando así y ya sin disfraces, la FIFA reconoce a algunas de las manzanas podridas de su cesto y, esto es lo novedoso, detalla algunas de las causas de las cuales se ha venido sabiendo a lo largo de estos últimos años fundamentalmente gracias al trabajo de la prensa internacional.

En el documento de 22 páginas que se adjunta a la nota oficial de la FIFA, además de nombres y apellidos de los requeridos a este nuevo proceso, los abogados de la organización marcan el rastro de algunos casos pendientes menos populares, como lo son la sospecha de la compra de la organización del Mundial de 2010. Lo hacen barajando la realidad de la justicia y sirviéndose de ella para, en el caso que toca a Infantino y que indudablemente le beneficia, enviar un mensaje único de regeneración. Por supuesto, el amaño de la votación en la que se eligió a Sudáfrica como organizadora del Mundial que ganó España es sólo uno de los cabos sueltos que además, Jack Warner y su hijo- mediante, enlaza con las sospechas de la misma naturaleza en relación al Mundial de 1998 que debería haber ganado Marruecos.

Tampoco están limpios, por lo que se sabe a través de los medios, los mundiales de 2006 y 2014, si bien el celebrado en 2002 en Corea del Sur y Japón todavía es recordado como uno de los más extrañamente arbitrados, pero la ausencia en estos casos de imputados ha detenido al departamento jurídico de la organización en su depuración de responsabilidades. Y por supuesto, todavía es pronto para saber qué pasará con los de 2018 –ya en marcha y difícilmente revocable- y el de 2022 en Qatar, cuya oposición está considerada uno de los resortes principales de salida de todos los males que han aquejado en los últimos dos años al organigrama de la FIFA. En definitiva, todo lo que llegue a manos de la audiencia a estos respectos lo hará todavía a través de los medios volcados en sus investigaciones correspondientes y no, como en este caso, a través de la propia FIFA.

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Los 10 millones de Warner
Pasó desapercibido en mitad de la tormenta de detenciones de 2015, pero cuando salió a la luz que el ex secretario general de la FIFA Jerome Valcke había firmado una orden de pago de 10M$ remitida a una cuenta a nombre de Jack Warner, la justicia encontró un suculento hilo del que tirar en el caso de la atribución a Sudáfrica. Warner, suspendido de por vida por la FIFA en septiembre, guardó estrecha relación con la confederación africana en sus años clave de servicio, evidencia que enseña la propia FIFA en su último documento con los miramientos mínimos. En febrero de este mismo año, el Comité de Ética de la FIFA también castigó a Valcke.

Amaño de partidos
La causa sudafricana no termina en la adjudicación de aquel Mundial de 2010, pues alrededor de este todavía circula una nube de sospecha particular. Tal vez los nombres de Leslie Sedibe y Lindile Kika no digan mucho sobre nada más allá de Sudáfrica, pero están considerados los principales culpables del amaño de amistosos ante Guatemala y Colombia previos al Mundial y de hecho han sido castigados por ello junto a otros dos oficiales. El árbitro del Sudáfrica 5-0 Guatemala, el nigerino Ibrahim Chaibou, dirigió a su vez otro encuentro sospechoso, éste entre Nigeria y Argentina (4-1) un año después, en el que añadió ocho minutos con 4-0 en el marcador para inventarse un penalti y favorecer el gol albiceleste. La investigación que le implica sigue su curso.

Aunque la FIFA no se ha pronunciado nunca a este respecto, ese mismo Mundial dejó a posteriori otro rastro que seguir. En una de las grabaciones a las que tuvo acceso el Daily Mail, Lord Triesman, cabecilla de la candidatura inglesa para organizar el de 2018 se desquitaba en tono informal con una mujer con la que había quedado para tomar café en estos términos: «Hay evidencias de que las autoridades quieren saber quiénes son los árbitros para pagarles». Aunque intentó por todos los medios coaccionar al Mail on Sunday, acabó siendo noticia de portada. Se refería a España. Jorge Pérez, secretario general de la RFEF y hoy candidato a presidirla con el apoyo de Javier Tebas (LFP) y Miguel Cardenal (CSD), se contuvo entonces y sólo tildó a esta acusación de «ridícula».

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