Aleksander Ceferin

Aleksander Ceferin: de repente, un rival

Aleksander Ceferin entró en la carrera presidencial a la UEFA como quien entra a un proceso de selección rodeado de primos y sobrinos del director general: a participar y filtrar cierto legado en titulares que una vez pasada la tormenta le garantizaran dejar una mínima impronta. Se medía de primeras al neerlandés Michael van Praag, habitual en estos careos –con la misma suerte siempre: incluso estuvo cerca de presentarse a jefe de la FIFA en la última oportunidad- y sobre todo, al favoritísimo Ángel María Villar, eterno en la RFEF (28 años de mandato) y extrañamente bien considerado dentro del órgano europeo pese a sus dificultades notorias para expresarse con el resto de sus compañeros –ni chapurrea el inglés-. Pero la habilidad de Ceferin en las últimas semanas y quién sabe si un retroceso implícito de Villar para con sus más cercanos han dado la vuelta al capítulo y ahora sitúa al esloveno como serio aspirante a la presidencia. Cabe recordar que si Villar resulta elegido presidente de la UEFA, tendrá que dejar su sillón en la RFEF, al que también aspiran Miguel Ángel Galán y Jorge Pérez –actual portavoz de la federación-.


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En realidad el esloveno, presidente de su federación desde 2011, ha optado por la vía rápida: platinizarse. La estrategia arcana del expresidente francés es la misma que alzó y mantuvo a Joseph Blatter a la FIFA y recicló su delfín, Gianni Infantino, para ganar las últimas elecciones: ponerse del lado de los pequeños. Contrario a la original Superliga europea que se pretendía inventar para degradar la actual Champions League, también ha sido crítico con la reforma del campeonato que a partir de 2018 reforzará a las principales ligas europeas contra las consideradas de nivel medio. Ha visto mercado en estos nuevos proscritos, en los que el fútbol es casi más sentimiento que negocio y ha apuntado a conciencia, autodeclarándose «el Robin Hood de la UEFA». Su plan no es más que ese: recoger a todos los apestados del mercado y hacerlos sentir de nuevo parte de un todo que se diluye. La analogía política no es casual, y ha recogido frutos de inmediato: se ha asegurado del tirón los apoyos de países como República Checa, Polonia, Austria, Eslovaquia o Hungría y según el periodista Keir Radnedge, también de los nórdicos. Suiza, perjudicada por esta nueva cuota, podría dejarse meter en el saco. Ceferin, además, planea adelgazar el calendario UEFA y acortar los límites de mandatos presidenciales.

«La diferencia entre yo y los otros dos candidatos es que yo estoy preparado para reformar la UEFA»

Pero el impulso modelo a su idea ha estallado en las dos últimas semanas, en las que ha sido público que Alemania, Italia, Irlanda, Francia, Turquía o Rusia también se han inclinado por su candidatura. Especialmente significativo es el apoyo de Francia, patria del último presidente y abiertamente contraria a alimentar a Villar en lo más alto del organigrama, que incluso emitió un comunicado. Ceferin, un quasi desconocido para Google hace apenas un mes, es el nombre más buscado a una semana de la votación porque parece haberse merendado la inopia de Villar en busca del puesto definitivo. De Van Praag, presumible figurante de nuevo, no se ha vuelto a saber mucho, como tampoco de apoyos públicos razonables al presidente español. Villar mantiene un pulso vivo con la Liga, sobre todo en lo tocante a arbitrajes e investigación, y de hecho estuvo cerca de boicotear la participación de España en la Eurocopa de Francia al llevar a la FIFA una denuncia por injerencias políticas en el proceso electoral de la federación –que ha alargado hasta finales del presente año, aunque cumpliera mandato el pasado mes de febrero-. Lo inquietante es, en definitiva, el silencio: puede que también tenga un plan. Al fin y al cabo, es de lo que ha comido en los últimos años.

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