Sergio Ramos Champions League final 2017

Superpoderes


En el primer entrenamiento de cada temporada contemplo a los niños nuevos que llegan al equipo, espero a que uno de ellos haga una acción de mérito que pasa desapercibido para el resto e incluso para el propio chico –anticipar, correr al espacio en lugar de pedir al pie, descargar de primeras cuando están encimados por un rival de espaldas a portería, etc.–, y entonces paro el juego. En ese momento reúno al grupo y les explico que ese chaval es un fuera de serie haciendo dicha acción, que lleva todo el entreno bordándola –que sea verdad o no es lo de menos– y que todos deberían aprender de él. El pequeño, que alucina en colores, no dejará de perseguir esa acción en toda la temporada, obsesionado en conservar el superpoder que el entrenador le acaba de descubrir –otorgar– y que le distingue del resto de compañeros. Es decir, si el superpoder es la calidad para anticipar y el entender cuándo hacerlo, me gano para siempre un tipo que va a estar concentrado en estar cerca de la marca a cada momento, algo fundamental en el fútbol sala, deporte en cuestión.

La fuerza que ha tenido la mística de las cinco Copas de Europa del Real Madrid en los años 50 en los dos ciclos ganadores del club blanco en el siglo XXI es difícil de encontrar, no en el fútbol sino en cualquier deporte. El Madrid se ganó la etiqueta de ogro de Europa hace casi setenta años y no ha importado estar 32 primero (1966-1998) y 12 después (2002-2014) sin tocar metal que cuando lo ha hecho, ha convencido primero a sí mismo y luego al resto de rivales europeos de que sólo se le puede ganar siendo muy superior a él. Que en Champions, si el partido está igualado, si no pasa nada o si pasan muchas cosas, gana el Madrid. Que ese superpoder le distingue del resto. Como el Madrid no ha dejado de alimentar ese relato en estos cuatro años, se ha llegado a un punto extremo: mientras al Madrid no hay bofetada que lo merme lo más mínimo, cada golpe serio del Madrid hunde a un contrario que ve pasar en diapositivas la ristra de funerales que ha provocado un equipo que, como el grupo de soldados de Aldo Rain en Malditos Bastardos, será recordado por su crueldad.


ESPECIAL DUODÉCIMA EN THE LAST JOURNO


Para el 0-1 de Insigne en el Bernabéu, para el desastre en la presión de la primera hora en San Paolo, para los problemas en la defensa de las bandas en la vuelta ante el Bayern, para el repentino 2-0 en el Calderón o para la superioridad táctica de la Juventus en la primera parte. Zidane y sus jugadores son una colección infinita de soluciones en forma de balón parado, ajustes tácticos, impacto de distintos perfiles de jugadores desde el banquillo, apuesta decidida por aplastar al contrario contra su portería a golpe de posesión… Igual que el Barcelona de Guardiola parecía haberse cargado el azar por las pocas chances que daba a que la ruleta rusa del fútbol actuara, el Madrid parece haberse cargado las consecuencias negativas de ese azar porque a ese carácter asesino nada le afecta. El Madrid es épica, acepta que la épica necesita de la adversidad para existir y su manera de convivir con ella desafía los límites de la mentalidad deportiva. La final la rompe el rechace en un disparo lejano, pero mientras para los de Zidane el gol en contra hubiera sido el comienzo de un nuevo desafío, para los italianos fue la aceptación del relato.

En el último lustro tanto la Juventus como el Atlético han seguido los patrones perfectos para tocar techo en Europa y ambos han sido aplastados por un Madrid que sigue paseándose por ese techo con el modelo contrario. Los primeros le dieron el cetro de mando a un entrenador, crearon un orden, un estilo de juego y ficharon de acuerdo a necesidades deportivas, mientras el segundo compraba talento a raudales en una sucesión de inversiones históricas –sobra hablar del precio pagado por Varane, Modric, Kroos o Isco– para luego buscar un orden. El reinado del Madrid está construido en contra de los cánones, en contra del itinerario al éxito que se escribiría en cualquier manual. Es la derrota de Google o Apple frente al mundo Disney. El equipo que no necesitaba ser el mejor de Europa para ganar Copas de Europa es hoy el mejor equipo de Europa.


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