Donald Trump

Planeta paja


Un fenómeno recorre Google: Donald Trump. Multimillonario, magnate, excéntrico y valiente caza mujeres ahora metido, con notable éxito pormenorizado, a político reconocible de cara a suceder en el sillón ancho de la Casa Blanca a Barack Obama, el cambio de 2008, estilete de lo que recordaremos como la gente, el triunfo de la democracia y toda la perversión del cumbayá posmoderno. Hay quien conviene, con desidia españolaza, que Estados Unidos recula en su impulso aperturista si a Obama le acaba sucediendo un hombre que quiere cerrara las fronteras y que no distingue entre musulmanes y yihadistas. Otros, con singular reprís y algo más perdidos en el mundo en general, señalan a Hillary Clinton como la alternativa suave pero aconsejan en cambio referirse a ella por Hillary y no por Clinton, porque nombrarla por el apellido que heredó de su pareja, de paso también expresidente de los EE.UU., es otra victoria del patriarcado. Todo esto existe, de momento. Pero el tormento adaptado no sólo entiende de las historias que la memecracia sirve a la agenda de los medios con impunidad y una alevosía francamente malvada: somos tan vívidos, tan asépticos, y estamos tan formados en teoría poética en España, que sabemos -¡y sufrimos!- incluso que a Estados Unidos no le conviene un tipo como Trump, que en definitiva es a quien están eligiendo los suyos como representante de sus ideas. Ni siquiera nos hemos parado a pensar, de soslayo, que esto sea, como tantas otras percusiones de cambio en el globo, un castigo autoinfligido a nuestra pertinaz complacencia conciudadana.

» Resultados de las primarias del partido republicano estadounidense

» Especial de las elecciones estadounidenses en The Guardian y CNN

Tal es el escándalo –medios españoles se han posicionado abiertamente, dando razones de abyección variable, censurando su candidatura- que la gente está tomando, por tercera legislatura consecutiva y ésta ya apoyada irremediablemente en el eco que el universo digital ha creado en torno a la figura de la opinión inútil, parte de un proceso a todas luces democrático con el que otros antes lograron iguales resultados de cara a una elección sin aparentes fisuras ni trucos. En otras palabras: españoles cuestionando que el universo norteamericano no haya filtrado a un tipo de ideas ultraconservadoras porque el cambio, ya lo sabemos todos, será de un lado o no será. Me abrió los ojos en concreto el comentario airado de una oyente en la SER, que después de autodeclararse de izquierdas y republicana –ese tipo de carnets que hay que enseñar para entrar en según qué cosmos-, que decía, con soltura de señora bien desayunada, que todo el mundo «menos los estadounidenses» ve lo que es Donald Trump. Como también veíamos lo que era Tsipras en Grecia, o Lula en Brasil; con los mismos ojos y las mismas manos que van al bolsillo para comprar merchandising de asesinos de renombre de voz libre. Estados Unidos no sabe lo que elige, porque qué va a saber Estados Unidos comparado conmigo, que aquí tengo a otro Trump de otro signo al que defiendo con más ahínco que a mi madre si se tercia. Nótese, sin ir al detalle, que cualquiera sabrá de qué hablo cuando sin haber tirado la piedra todo el mundo me ha visto la mano. Nosotros, que de pajas y vigas vamos sobrados, sabemos siempre más. Por eso cuando nos mean, abrimos la boca.


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Una idea sobre “Planeta paja

  • Francisco

    Me parece realmente terrible que se haga una comparación indirecta entre Iglesias y Trump, completamente ventajista. La questión con Trump no son solo las ideas, sino las formas. Un hombre que hace 4 años apoyaba Hillary, que no tiene ni idea de política internacional, que insulta a naciones enteras y lo mismo con religiones. Iglesias puede ser el jefe de la demagogia para algunos pero no hay ni discusión en la preparación de cada uno y en las formas. Y se te “olvido” comentar que el proprio Papa, esa figura marxista-leninista, ha tejido críticas a Trump