Koke Atlético Selección Española

Pasarse a las sombras


Hubo un tiempo no demasiado alejado de este en el que existió un Atlético con urgencias reiteradas: más un eslogan que un equipo, más una brecha que un club. En el último tramo de su maldición, las contadas licencias argumentativas que la dirección deportiva se daba solían acabar en tragedia: tampoco era lugar para los más jóvenes, engullidos por la necesidad. En 2009, en cambio, Abel Resino recolectó a un Koke menor de edad, propiciando su primera aparición en otro atropello del Barcelona de Guardiola (2-5). Entonces, Koke era entonces brioso y ligero, un trotón con llegada: en la sub-17 española cubría las pérdidas a un tal Isco con el que comparte generación y cierta desventura. Centrocampista sobrado de físico en su categoría y además con buen pie. Necesario. Tardó un tiempo en demostrar que no se perdería, como muchos otros novicios al pie del madroño, entre la multitud: sin embargo, todavía juega en su contra la peligrosa indeterminación de su juego en un planeta fútbol de categorías. A él, como al mencionado Isco y a su también contemporáneo Thiago Alcántara, lo persigue este espectro inclemente del fútbol en todas direcciones: Koke, sin embargo, tuvo que hacerse antes que ninguno de los otros dos a esta idea. Simeone lo convenció para buscar los espacios en los lados, especialmente el zurdo donde encontró un chollo a pierna cambiada, particularmente en las jugadas de estrategia: lo que el Atlético perdió del joven Koke lo encontró en el futbolista obligado a evolucionar que ya era.

La responsabilidad de ser el estandarte de una cantera siempre en busca de nuevas aventuras fuera de un club de competitividad limitada lo agitó. La comunión con los dibujos de Simeone encajó en su disciplina como si él se la hubiera diseñado al Cholo y no al revés: de la izquierda, en la época de Diego Ribas e incluso Salvio como enganches, pasó a la derecha cuando no a la propia mediapunta, donde el equipo encontraba ya peores soluciones a su madurez. En la 2011-2012 ya jugaba por delante de Tiago y Gabi, a menudo compañeros en paralelo cuando faltaba uno; poco después, calcando esa posición, barrería con la sub-21. Pero Simeone siempre ha tenido un plan diferente para un jugador imprescindible. Koke ha sido uno de los pocos futbolistas del mundo capaz en estos últimos años de hacer de todo en todas partes. En la mejor temporada deportiva reciente, la 2013-2014 rematada con el título de Liga y la final de Lisboa, Koke se vació hasta en seis posiciones distintas durante la temporada. Para entonces ya había incorporado a su registro el envío en largo, el cambio de juego y el fútbol a dos toques. La irrupción de Raúl García volvió a llevarlo a los lados en el año del 4-2-3-1 (con Villa y Diego Costa jugándose sus caramelos) y entonces llegó Brasil. Koke fue una de las contadas novedades de Del Bosque para la cita mundialista. No participó, pese a que era tajante que le tocaba. Pero el descalabro de la generación pasada le abrió la puerta también en la selección: un mal para nada menor.

El Koke de 2014, quizá el más completo hasta la fecha, ha sufrido altibajos sonados desde entonces, pero no siempre relacionados con su prestación física. Ha acusado, en dos temporadas consecutivas, ejercitarse junto a un Gabi cuyas prestaciones van medidas al minuto debido a las inoportunas lesiones de Tiago, ya en los 35 y cada vez menos disponible. Simeone le ha señalado ya sin reservas como mediocentro en los partidos de más alta exigencia de esta temporada, y sobre todo se lo ha llevado por delante la irrupción de otro, Saúl, que igualmente ha recorrido la mayoría de las posiciones del esquema rojiblanco en los últimos tres años. Saúl ocupa ahora esos roles en los que Koke bullía frente a la vara del Cholo, valiente y cuajado, apoyando subidas, frenando ataques, batiendo líneas con balón y atreviéndose a mirar portería. Pero la necesidad lo ha devuelto, como en sus inicios en la élite, al puesto donde menos ruido hace, que también es desde donde más empuja sobre todo ahora que las piernas de Carrasco o Filipe han recuperado tono en las alas. Julen Lopetegui, solidario, igual lo alinea junto a Busquets que junto a Iniesta cuando toca defender estrella, pero Simeone empieza a verlo claro ahora que apremia la etapa de la responsabilidad: Koke ha sido recluido a las sombras del fútbol y ahí, presa del tan codiciado anonimato, podrá hacerse nombre además de hombre siempre y cuando no llueva y tenga que salir corriendo, otra vez, a enmendar las goteras.


Foto de portada: defensacentral.com

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