La confortable misión de Higuaín

HIGUAIN 2018 AC MILAN

El fútbol de verano siempre ofrece más de lo que está dispuesto a dar porque es, sobre todo, un tejido mediático en torno a rumores de procedencia cuestionable cuando no directamente importada desde la imaginación. Como artimaña, es un acantilado para las contadas esperanzas -más permisivas en esta época del año que en cualquier otra- y un solar de certezas. Uno de los exponentes obvios de este consentido escenario de indeterminación es la reacción a un fichaje cualquiera por un equipo de altura. A mayor nombre y peso en la historia, mayor relevancia y por tanto mayores probabilidades de que se publiquen o se cometan atrocidades visionarias. Ha pasado con la firma de Gonzalo Higuaín por el AC Milan, equipo que ha conservado in extremis su supervivencia en competición europea esta temporada tras convenir un oportuno cambio de dueños que la policía del fair play financiero viera con buenos ojos. Tan rococó es el empecinamiento estival en dar titulares con doble vuelta que producirían escalofríos al más purista del fact checking, que el principal movimiento de este Milan en crisis económica ha sido fichar a uno de los delanteros con mejor cartel en el mercado internacional, procedente además de un rival otrora directo por los títulos que necesita hacer sitio a Cristiano Ronaldo y también aliviar unas cuentas siempre en entredicho por su contada rentabilidad internacional. La recuperación económica del fútbol, se ve, pasa por seguir validando avales y pagarés de terceros bienintencionados capaces de convencer a cualquiera. Una atmósfera irrespirable para la estabilidad, así como un riesgo innato para la estrategia deportiva, la continuidad o consagración de proyectos y, en definitiva, cualquier extensión plan directivo a medio y largo plazo. El fútbol europeo de élite consume con monstruosidad unos recursos en manos de artificieros en el peor de los casos sin formación. Por eso es tan importante, y tan impopular, no rendirse.

El caso de Gonzalo Higuaín en el AC Milan es paradigmático porque se trata de un futbolista de nivel desembarcando en un equipo a la baja, que sigue avanzando con medidas inseguridades en su escalada de vuelta a los podios. Y todavía así parece que encajan. Higuaín, un nueve que fichaba por la Juventus desde un proyecto ambicioso que no podía permitirse exigirle rendimiento inmediato -hábitat familiar ahora en Milán- cuyos números en Italia con el Nápoles y también con la propia Juve han estado dentro de la burbuja de las expectativas pero que en definitiva no parecen haber justificado los más de noventa millones que costó a los de Turín hace dos veranos: apenas una propina de menos respecto al precio impuesto por el Real Madrid a su leyenda del siglo XXI, todavía en edad de golear y ganar. La comparación es odiosa desde cualquiera de sus lados porque lo de Cristiano, como convendría bautizarlo para naturalizarlo, ha discurrido por normas ajenas a las del mercado. Pero también porque está por comprobar que el Milan gane mucho más con Higuaín de lo que ha venido consiguiendo desde la salida de sus dos últimos grandes goleadores, Mario Balotelli y Zlatan Ibrahimovic. De hecho, el Higuaín de la pasada temporada no mejora los números de prácticamente ninguno de sus predecesores en el puesto de nueve rossonero: sí que promedia más goles que todos ellos por cada noventa minutos jugados, pero en el contexto Juve, esto es, merodeando área en busca de un milagro urgente que a menudo llega por reiteración. De ahí que también esté en la media de ocasiones generadas y tiros a puerta de los delanteros del Milan que no pasaron a la historia, como Kalinic, André Silva, Luiz Adriano, Niang, Pazzini, El Shaarawy o Carlos Bacca. De hecho, hay que irse al colombiano de la temporada 2015-2016 para encontrar números inferiores a los del Pipita como jugador de ataque -no necesariamente rematador y desde luego no finalizador-, en su última temporada en Turín. Si el de Higuaín es un fichaje de garantías parece que quedará en manos de don fútbol moderno, acelerado por los titulares y las necesidades desbocadas pero siempre justo. A día de hoy, no parece que el resarcimiento entre en sus planes.


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