Cristiano Ronaldo Real Madrid Alberto Egea

Jugar a los dados

Decía Julio Velasco que a aquellos que dicen que «lo importante no es que vaya rápido el jugador, sino que vaya rápido la pelota» todavía les pregunta que por qué no hay jugadores de 45 años en Primera. Que aquí tiene que correr el balón y tiene que correr el jugador, que la realidad palpable no sostiene ese debate. El físico potencia la técnica y la prolonga en el tiempo. Una bicicleta hace clavarse al rival y me da vía libre para conducir, pero si no tengo ese cambio de ritmo que me hace explotar esa ventaja mi calidad técnica tendrá mucho menos peso productivo. Si soy un pasador fantástico pero llego al minuto 80 fundido, la lucidez para ver ese pase mágico y la precisión para ejecutarlo disminuirán profundamente. Cuanto mejor se tolera la deuda de oxígeno, mayor agudeza para tomar decisiones y llevarlas a cabo.

Enero de 2015 trajo un final y un principio en la carrera de Cristiano Ronaldo. Hasta aquel invierno, el talento del portugués fluía sobre una superioridad física respecto al resto que le autoafirmaba y que creaba un aura que irradiaba intimidación y complejo de inferioridad en los rivales. Su umbral mínimo de rendimiento en el día a día descansaba en el notable alto. Cristiano era calidad y cantidad a borbotones. Se desbordaba. Te pasaba por encima.

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Tras cuatro meses de competición con cifras inhumanas (24 goles en 15 partidos de Liga) y recién recogido su tercer Balón de Oro, Cristiano –consciente o inconscientemente– desconectó. Y cuando quiso volver había perdido un superpoder que no volvería a recuperar: ser el mejor todos los días. Le empezaron a afectar cosas a las que hasta entonces era inmune. En otro tiempo, la reciente dinámica de resultados negativos del Madrid la hubiera levantado a golpe de exhibición, ahora repercute en su juego. Como su estado de confianza, ese que su físico prodigioso le permitía mantener siempre en los niveles más altos. En el cénit de su batalla con Messi se repetía que el físico de Cristiano le haría envejecer mejor que al argentino, y que su reconversión a delantero centro puro prolongaría su lazo con el gol. Pero Messi ha ido descubriéndose agotando las posibilidades futbolísticas de cada demarcación, de cada rol y de cada disciplina –creación, último pase, faltas directas– que se ha propuesto, y Cristiano se ha dado cuenta de que el camino será duro porque ser el mejor rematador y ser el mejor ‘nueve’ no es la misma empresa.

En el cénit de su batalla con Messi se repetía que el físico de Cristiano le haría envejecer mejor que al argentino

Su grandeza es tan extraordinaria que le sigue permitiendo resolver partidos ante rivales de prestigio a golpe de talento. Y aquí se pueden sacar su gol en el Camp Nou la temporada pasada, la semifinal de la Eurocopa o su partidazo en el Calderón. Pero algo chilla en el contraste con actuaciones desapercibidas como la semifinal y final de Champions, el partido del Camp Nou en noviembre y esas fases de la temporada cada vez más largas donde pasea imprecisión, impotencia y desesperación en encuentros rutinarios, donde su fútbol no se funde con el de su equipo. Así que esperarlo ya no es una garantía. El rendimiento del jugador franquicia del Real Madrid tiene que ser pura certeza, no una partida de dados. Al final es lo que decía Mark Twain: se puede andar con una pistola cargada, se puede andar con una pistola descargada. Pero no se puede andar con una pistola que no se sabe si está cargada o descargada.


Foto de portada: goal.com/es

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