Messi y Luis Suárez

Introspectiva


El mundo litiga un capítulo habitual que de viejo no se recordaba más que en las hojas caducas de los árboles: el debate sin fondo de lo bello y de lo idóneo de su atribución a una belleza canónica perceptible por el tipo ideal medio concebido por la mayoría de las personas conscientes. En otras palabras, lo que acertaríamos a llamar belleza mediocre. Una belleza para todos, única y con las aristas justas para bordear sensibilidades. Todo esto lo ha conseguido el fútbol y la fina impostura estética que Leo Messi y Luis Suárez aplicaron a la humillación fatal de la pena máxima al rival, consagrando el espectáculo al recreo visceral y el rechazo moral, otra tirantez, para nada liviana, del siglo de las luces de led: en su estertor querubín, idearon una filigrana para goce sobre todo de los propios y para escándalo de los muchos ajenos, ateos en su mayoría, que se resisten tanto al cambio como a perder las formas en la mesa. Cuando elevamos triquiñuelas cómodas, con su cuota justa de riesgo tomado, a la cada vez más barata categoría de arte, no estamos más que etiquetando una objeción personalísima dentro y fuera de nuestros círculos para granjearnos lo que consideramos bienestar rutinario, esto es, la aprobación mecánica de nuestros gustos siempre expuestos a los que sabemos que no van a rebatirlos por encima del límite que imponemos a nuestra paciencia.

Y esto ha pasado con el penalti de Leo y Luis: ha conchabado a los entusiastas del verso suelto y la revolución y ha abierto las heridas de los caballeros que, subjetividades formales aparte, valoran otra manera de ganar. Que obraran bien o mal sólo pesará en sus conciencias si las tienen, pues el juicio de los suyos es transparente y el de los extraños les es imperceptible: el valor que cabe otorgarle a esa valentía exhibicionista sin oposición no se sujeta en el ancestral trasiego de lo correcto, sino en todo caso sobre la generosa abertura que han dejado a las interpretaciones que todos quienes estén en posición delicada de machos alfa estén dispuestos a aplicar. También la historia desprendió retratos de asesinos a quienes se destacó, no por hábil o universal sino por diferente, su manera de secar vidas, interpretando así las libertades más ampliamente que ningún otro sobre la tierra. Claro que esto ya es subir otro peldaño.


Artículo publicado originalmente en El Español


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