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Francia enseña los dientes

Es increíble el valor que tiene en el fútbol el acierto de cara a gol como desencadenante de acontecimientos. Francia, cuyo gol más tempranero en la Eurocopa había llegado en el minuto 57 – ante Rumanía-, había despertado serias dudas en cada partido disputado. La poca claridad de ideas  francesa en partidos cerrados llevaba a Deschamps -que, acertado o no, nunca se le podría tachar de inmovilista- a variar jugadores y sistema en busca de armonizar por fin tanto talento. El 4-3-3 original, el sentar a Griezmann y Pogba en el segundo partido para pasar al 4-2-3-1 con Coman y Martial como extremos abiertos, el probar a Cabaye como mediocentro frente a Suiza… El técnico francés machacaba el laboratorio pero las alegrías de Francia eran más producto de los fogonazos de calidad de sus cracks que de las facilidades que su técnico les daba en la pizarra.

Sin embargo, el meter a Coman por Kanté al descanso para intentar remontar el 0-1 ante Irlanda en octavos sí activó a Griezmann, que en una posición más centrada por detrás de Giroud podía lucir como acostumbra. Sumar al mejor Griezmann para la causa ya era mucho, así que aprovechando la baja de Kanté, el técnico galo abandonó el 4-3-3 y dibujó un 4-4-2 con Pogba y Matuidi en el doble pivote, Sissoko partiendo desde la derecha, Payet en izquierda y el propio Griezmann como satélite de Giroud. El flamante fichaje del Barcelona, Samuel Umtiti, sustituía al sancionado Ramí, conservando el perfil izquierdo en el centro de la zaga -su demarcación natural- y desplazando a Koscielny a la derecha, lugar que suele ocupar el central del Sevilla.

Hasta el 1-0 convertido por el nueve del Arsenal, Francia tampoco había dejado un fútbol brillante, más allá de que la movilidad y facilidad de Griezmann para ofrecer líneas de pase a espaldas de la presión a los centrocampistas y su calidad para tocar entre líneas hacía progresar a una Francia que no conseguía sacarle partido a su otro recurso: el juego directo sobre Giroud. Islandia no había sufrido apenas en esos doce minutos y había merodeado la portería de Lloris, pero los goles de Giroud y Pogba de forma casi consecutiva dinamitaron el encuentro. La pegada que tanto había echado de menos Francia en todo el torneo le llegaba en el mejor momento, y el juicio sobre su juego durante 75 minutos se iba a desarrollar en un escenario con el marcador a favor y los espacios que esto provoca, ante una selección limitada y tocada anímicamente y con las sensaciones contrarias en los locales, que se sentían un rodillo.

El poderío físico en medio campo -Matuidi, Pogba y Sissoko eran demasiado- anulaba las opciones de Islandia, la conexión entre Griezmann y Payet -que abandonaba la banda para juntarse con el del Atlético- disfrutaba por el carril central, y Giroud y el mismo Griezmann intercambiaban alturas para sorprender a una defensa rival que suplicaba que llegara el descanso. La segunda parte solo serviría para que Islandia dejara patente ese coraje que le ha llevado a escribir una página inolvidable en su historia y en la del torneo. Queda por ver cómo Deschamps se adapta a Alemania: si recupera a Kanté y su 4-3-3 o sigue apostando por este once que, ante rivales que nada tienen que ver con lo que le espera en semis, ha inyectado de moral al equipo en el momento más importante del torneo.


Foto: goal.com

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