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El viejo De Gea


Pese a que al tiempo de publicarse este artículo David De Gea discurre firme por los 26 años -una edad a la que servidor firmaría regresar, como seguramente también Iker Casillas, Pepe Reina, Gianluigi Buffon o Petr Cech-, cualquiera diría que suena ya como un nombre invocado en el pasado reciente, algo reñido evidentemente con la realidad del fútbol. Nadie en su generosos cabales descartaría a uno de los cinco mejores porteros del mundo de imprimir todavía su paso en lo que quede por disputar a nivel de clubes y selecciones, teniendo en cuenta donde está, qué país cubre y a dónde podría ir. Ni siquiera la sonada narrativa gótica de los porteros, insistente en su desamparo condicional y olvido prematuro, va a salvar a David de la quema. Y por una razón con nombre y apellidos: Kepa Arrizabalaga. El chaval del Athletic se ha colado, a los 22, en su primera lista con la absoluta por accidente -por la baja de Reina- cuando en realidad le tocaba bajar la persiana de una sub-21 que, números aparte, le queda estrecha. La vasta mayoría conocimos a Kepa, como a De Gea en su momento, por parar penaltis decisivos en las categorías inferiores. Quienes lo siguen desde hace más tiempo, pese a que le atribuyen la comercial humanidad de entretiempo, parecen hipnotizados en cambio por su progresión y lo señalan sin dudar como el portero del futuro inmediato. Con David, que ha alineado a los ojeadores y apuntaba a indudable estrella desde adolescente, todavía a las puertas de su plenitud.

El retraso con el que De Gea se hizo con la portería de España, esperando una oportunidad más que merecida mientras se enfriaba a la intemperie el cuerpo de un Casillas moribundo, así como su salida del campeonato nacional más a mano, sin duda ha contribuido a esta perceptible imagen que del frío meta toledano guarda el aficionado español medio, quien pese a todo, aún recela. Recordamos al De Gea de metro noventa largo que medía mal las salidas y saltaba pidiendo perdón en sus inicios en la élite, alumbrando ese Atlético prototípico del que huyó rumbo a Manchester deshojando la margarita de los Schmeichel. En Inglaterra ha ensanchado la espalda en todos los sentidos, seducido a Van Gaal y Mourinho y propiciado largos debates sin fondo auspiciados también por el cuché rococó patrio, que es letal cuando se queda sin andrajos. Hasta la pasada Eurocopa de Francia, en la que por fin destronó a la aparición más antigua de Dickens, su madurez no se había expuesto a las televisiones en abierto. Tarde. No sólo la memoria pica carne en el fútbol, también la temida objetividad: De Gea fue víctima de su nacionalidad y particularmente del universo Del Bosque, aunque esto en la vida real no le reste mérito alguno. Pero el injusto lastre que acarrea como preso político todavía puede resolverse si los informadores se conjuran, algo altamente probable de cara al verano. La cosa está en ver si con Kepa, otro prodigio, la cosa funcionará igual. Primero ha de ganárselo, y camino lleva, desde luego.



Foto de portada: spainticketsonline.es

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