Klopp

El fútbol del futuro


Miras la alineación y nadie es lo que parece ser. Los centrales –Matip y Lucas Leiva– fueron educados para ser mediocentros, el lateral izquierdo –Milner– para centrocampista ofensivo y el mediocentro –Henderson– para interior. De los cinco hombres más atrasados es especialista solo el lateral derecho –Clyne–, que en la práctica cumple funciones de extremo. Que estos sean los cimientos que deben sujetar a un equipo ultraofensivo chirriaría en los oídos de cualquiera, pero al Liverpool no lo sostienen los individuos sino una estructura levantada sobre el caos ordenado.

Es un equipo construido desde el ataque. En la fase del juego más difícil por la creatividad que exige el ataque organizado, Klopp va a la vanguardia sin tener ninguno de los jugadores del primer escalafón. El técnico alemán se ha llevado al fútbol sala el último tercio del campo. Allí sus jugadores son capaces de identificar cuándo tienen superioridad (numérica o posicional) en determinadas zonas para desplegar movimientos con y sin balón que ni siquiera tienen que pensar porque están aburridos de entrenarlos. Paredes, triangulaciones, desdoblamientos, diagonales sin balón, tercer hombre… Los futbolistas se confunden en espacios de los que nadie es dueño. Es la muerte de las demarcaciones fijas. Klopp camina hacia la próxima revolución del fútbol. Dominar hasta lo enfermizo todo aquello que, cuando se perfecciona, hace indefendibles los ataques: el pase de primeras, el desmarque que arrastra rivales para crear espacios y dibujar líneas de pase, el amagar a un sitio para arrancar en seco a otro, el dejarla pasar en beneficio de un compañero que sorprende, el cambio de ritmo en la velocidad de la jugada o el saber antes que nadie qué va a hacer tu compañero.

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Klopp lleva el fútbol al máximo exponente, a su definición primitiva como juego de equipo, donde el fútbol no es tanto de los futbolistas como del entrenador, que le eleva el nivel individual a todos cobijándolos bajo su obra. Porque Coutinho es la misma persona ahora que antes de Klopp, pero no es el mismo jugador. El alemán los ha enchufado a todos mediante ataque y balón, desde la emoción. Porque correr a por el balón es  más atractivo si sabes qué vas a hacer cuando lo recuperes. Nada estimula más que crear ni nada divierte más que saber que tu fútbol divierte.

Individualmente no son fenómenos asociativos que pueden esconder el balón para controlar los partidos. Allí no juegan Silva, Iniesta, Modric, Xabi, Busquets, Kroos o Verratti. Pero sin esa técnica sublime, dominan los movimientos, eligen donde perder el balón y cuando lo hacen activan un agresivo protocolo de recuperación. La reacción a cada pérdida es como si le robaran la cartera a un hermano. Algo que no se consigue a base de decirlo muchas veces sino mecanizando la mente de sus jugadores a golpe de seducción y entrenamientos de calidad. Para el rival es un marrón robarle el balón al Liverpool porque sabe que la presión tras pérdida será letal. La pierde donde quiere, por lo que la recupera donde quiere.

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La debilidad del equipo sigue estando en la defensa de las jugadas a balón parado y en los problemas para resolver situaciones aisladas –balones aéreos cuando el rival emplea juego directo, despistes en salida de balón, etc–, pero esto es un mal menor en un equipo de probabilidad. Raro será el día en que un error haga que no le salgan las cuentas a la máquina de crear ocasiones.


Capturas de pantalla: @esttoper


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Un comentario en “El fútbol del futuro

  • miguel carlos

    Exquisito artículo y te enseña porque a Liverpool le cuesta mantener su portería en 0 es porque en el último tercio de la cancha no tiene especialistas .
    Y también explica porque Firmino es titular por delante de 2 buenos delanteros como Origi y Sturridge que cuando han jugado también han anotado goles… Y lo mejor de todo es que este no es el techo de los de Klopp , aún les falta ese “gran” partido en Champions que como vienen jugando seguro se les da el próximo año.