Sporting - Villarreal

De cabeza al club de los honestos


El 23 de noviembre de 2010, Michel Platini fue el último en llegar a la cena de Nicolas Sarkozy con Tamim bin Hamad al-Thani, emir de Qatar, y Sebastien Bazin, representante del grupo que iba a ofrecer su dinero al PSG y la creación de beIN al presidente de la república. Nueve días después, el 2 de diciembre, Platini entregó su voto a Qatar como organizador del controvertido Mundial de 2022. Y más tarde, lo reconocería. Platini quizá creyera que le defendería su honestidad, pero no es tan fácil. Con motivo del Mundial de Qatar se han revelado algunas de las vergüenzas más inhóspitas del negocio del fútbol global que ya se sospechaban de antes -todos los mundiales desde 1998 están salpicados-, por lo que jactarse de decidir por ellos era un gesto más cercano a la autodenuncia que a la expiación. Para Platini, claro, todo ha sido una persecución: y se ha lamentado en infinidad de ocasiones de ser, en sus propias palabras, transparante.


PLATINI: A PRUEBA DE BALAS, PERO NO DE CORRUPCIÓN


Puede que Marcelino García Toral esté pensando lo mismo, en otro escalón, con otros focos, con otros intereses: cuando el entrenador asturiano del Villarreal confesó no querer que bajara el Sporting de Gijón días antes de enfrentarse a ellos en un partido que decidiría su permanencia, estaba diciendo que iba a hacer todo lo posible por no ganarles. Marcelino es un entrenador apasionado que cree en lo que hace, pero pecó de inocente y sobre todo, de mal compañero, dejando a los pies de los caballos a los otros equipos implicados en el descenso que no dependían de sí mismos. En su momento tampoco es que rugiera el escándalo porque, ya se sabe: hoy por ti, mañana por mí. Valga como ejemplo el episodio del apoyo de los presidentes de los clubes del fútbol español a José María Del Nido, condenado y encarcelado, fundamentalmente, por robar. Quién sabe cuánto va a necesitar otro que le echen ese capote, a ser posible antes de que le pillen. Lo curioso de este caso de Marcelino y su Sporting es que el presidente del Villarreal, Fernando Roig, haya tardado tanto -más de tres meses- en ofenderse, explicando su destitución en agosto varios días después y a través del discurso de la integridad. Luego entraría en acción la patrulla Tebas a investigar lo investigable.

En esta cruzadita de pitiminí, Tebas está solo: ni tiene el apoyo de la RFEF, ni la afición cree en que vaya a lograr nada sacando a los medios cada sospecha, ni a los clubes les debe hacer demasiada gracia verse implicados. Claro que habitualmente, quien se pica, ajos come: lo único cierto, por encima de formalidades, es que la Liga lleva años siendo un vergel de pasteleo en las últimas jornadas, con el agravante de que casi siempre beneficia a pequeños y medianos contra los que, por caridad, no se dispara. Del menoscabo a la honorabilidad que representan estos capítulos de suplentes, partidos a rastras y goles en propia puerta no se ha hablado nunca en España con suficiente libertad. Pero esa es una cuestión estética: la cuestión madre es que sin pruebas, no hay problema. Por eso Gabi, Iborra, Ballesteros y cía sí fueron imputados por el Levante-Zaragoza de 2011 y el resto, la mayoría, sale por la puerta grande cada año sin que le rocen el hombro. Lo más probable es que a Marcelino, que está en el paro, esto le haya venido fatal ahora acabe en lo que acabe. Y seguro que en el futuro, como Platini, se piensa más eso de, abro comillas, ser honesto.

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