Courtois, Keylor y el espejo de Cech

courtois real madrid 2018

John Terry acabó bajándose del fútbol de aquella manera, pero como cualquier líder de vestuario a sangre y acero bien podía hacerse una idea aproximada de cuándo un cambio se hacía inevitable. La gente del fútbol también lo llamará olfato. En febrero de 2015, The Telegraph recogió unas palabras suyas sobre sus entonces compañeros, Petr Cech y Thibaut Courtois, que rivalizaban por un puesto en el Chelsea de José Mourinho: «El entrenador insiste en la importancia del equipo por encima de todo. Ambos están aquí al servicio de toda la plantilla, y los dos han estado sensacionales. Tenemos a los dos mejores porteros del mundo luchando por un puesto. Es difícil. No puedes tener a ambos felices. Es el entrenador quien se las arregla para hacerlo, no sé cómo. Es duro rotarles, prefiero que sea el entrenador quién decida cómo». Esa temporada, la primera de Courtois en Stamford Bridge tras ganar dos Zamora con el Atlético de Simeone (primer portero colchonero en lograrlo en la historia), Mourinho sentó a Cech, que se quedó a las puertas del medio millar de partidos de blue, y ganó la Premier. Al checo le dejó las primeras rondas y la final de la Carling Cup, que también ganó. En lo deportivo, su gestión de la portería no pudo salir mejor. Por supuesto, la tensión iba a desmenuzarse por la vía rápida: al verano siguiente, Cech firmó por el Arsenal, ya con 33 años, y desde entonces ha jugado cerca del 70% de los partidos oficiales que han disputado los gunners.

La llegada de Thibaut Courtois al Real Madrid plantea un reto similar al que el club blanco, nobleza obliga, se ha venido acostumbrando desde que asomara, hace ya algunas temporadas, el periodo de flaqueza de un Iker Casillas que tampoco iba a eternizarse y cuya decadencia se precipitó. Fue el propio José Mourinho quien arregló su competencia con Antonio Adán primero y Diego López después, presagiando un cambio necesario. Una decisión tan a priori natural como la de elegir al deportista que uno, según experiencia y conocimiento, cree más cualificado para un puesto, trabó definitivamente la relación del técnico con la prensa y también con parte del vestuario. A Carlo Ancelotti le fue mejor mientras fue libre: apostó primero por Diego López, cediendo a Casillas una Champions que acabaría siendo la Décima. Ese verano firmó Keylor Navas, uno de los porteros más en forma del mundo entonces, pero Ancelotti, respaldado por el título más deseado en años por el madridismo, invirtió la apuesta. Keylor no tuvo el protagonismo que se imaginaba dada la jugada y Casillas, que había protagonizado un Mundial catastrófico, acabó por despedirse del Madrid con la contante pena del renegado, parte de la afición en contra y el entrenador tan en cuestión que se hizo inevitable su despido. Es difícil creer que su administración de la portería, el puesto más exigente y menos lúdico del fútbol, no pesara especialmente en la decisión por lo que implicaba a nivel humano y deportivo. Carlo no estaba preparado para llevarse mal con nadie.

El cupo de las rotaciones en la portería del Madrid dio un vuelco con Zinedine Zidane, que durante su triunfal etapa confió ciegamente en Keylor pese a algunos errores recurrentes de concentración y lectura del juego -pocos técnicos-. En su célebre plan contó especialmente con Kiko Casilla, que empezó de titular la temporada del doblete por la lesión del costarricense, y que acabó el ciclo disputando incluso más partidos que Cech en el primer año de Courtois en el Chelsea. Curiosamente, de nuevo sea casualidad o no, el proyecto de Zidane con la alternancia en la portería -así como con el resto de puestos en el equipo- no obtuvo continuidad, coincidiendo no sólo con su último año en el banquillo sino también con los primeros murmullos de peso sobre la infalibilidad de Keylor y, de paso, atisbando una pequeña crisis cuando en enero se jugó con la opción de incorporar al prometedor Kepa Arrizabalaga y el francés se negó públicamente, contradiciendo las filtraciones que desde el club se habían regalado a la prensa. El de Keylor es un caso inusual porque ha levantado tres Champions League seguidas, siendo además importante en todas ellas, y no se ha ganado la condición de intocable, o cuando menos de veterano, que correspondería a la gesta. Siempre ha tenido un nombre que exorcizar de los titulares y las quinielas. Y no parece, en resumen, que a nadie le fueran a doler prendas en que Navas perdiera el puesto, y pronto, frente a un Courtois exuberante y deseado, sobre el papel uno de los mejores fichajes del Madrid en la última década atendiendo a criterios estrictamente deportivos, económicos y estratégicos.

Julen Lopetegui tiene ante sí una oportunidad única y sin precedente moderno en el Madrid, pues pocos presagiaban que Keylor contara tan poco para Ancelotti en su primer año: la de hacer partícipes a dos de los mejores porteros del mundo, cada cual con sus necesidades y sus urgencias, de una temporada que difícilmente admitirá coartadas a medianías. Se trata del puesto más complejo de entender y contentar de este deporte, pues igual de difícil es justificar a un portero para un rival concreto que para toda una competición, situación que entraría en conflicto con la primera. Lo extraordinario del caso es que no parece que la prensa se vaya a posicionar hasta que a uno de los dos no llegue al primer tiro esquinado o pierda el primer centro lateral, lo que dará a Lopetegui cierto margen para convivir con sus particularidades. Tampoco es que el perfil de ninguno de los dos parezca especialmente problemático, de hecho se han tendido la mano como por otra parte debería ser de justicia en el deporte profesional. Courtois cuenta con el beneplácito de su pasado, su control del área, su frialdad y la simpatía que le ha granjeado su insistencia en fichar. Pero también se ha sentido pequeño, y mide dos metros, ante los destellos de las Champions ganadas en la era Keylor. Éste parte otra vez de cero en lo deportivo, pero para la grada es el portero de Milán, Cardiff y Kiev. Cech tardó un año en cansarse porque no estaba preparado para desaparecer tan rápido pese a que Mourinho jugó con maestría ese perfil suyo tan glosado de conjugador de emociones. Ancelotti devolvió galones a Casillas justo en el peor año de su carrera. La marcha de la temporada empujará a Lopetegui al abismo: la portería hace tiempo que no es baladí y menos en el Bernabéu, donde usualmente todo es jabón hasta el primer empate. Después, poco importará si Courtois ha sido barato o si Keylor entrena mejor: del reto de la portería, lo que en el argot alguno llamaría marrón y otros fortaleza, no sale nadie indemne. Nunca.


📷 | @RealEspartaB

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