Cazafantasmas

Cazafantasmas es horrorosa y no es culpa de nadie


Cuando el director Paul Feig expresó por primera vez (en octubre de 2014) que su reboot de Cazafantasmas iba a ser liderado por un reparto femenino, probablemente muy pocos esperaban que sobre la película se deslizara tan cruenta guerra de desagradables acusaciones entre industria, medios y público. El problema que tienen las polémicas es que venden como ninguna otra cosa: son un pantano siempre apetecible en el que zambullirse y pescar algunas especies invasoras que repartir crudas a un pueblo siempre famélico de sangre. Porque lo estamos. Y sí, si es lo que alguno se está preguntando en este inicio del viaje: por supuesto ha habido gente interesada desde el primer minuto en que la batalla misógina por el trabajo de Feig fuera por delante de sus números en taquilla o incluso de su recepción crítica neta posterior al estreno, la cual por cierto ha sido generalmente bastante más positiva de lo esperado. Esto no debería sorprender a nadie, pues la parte más pesada del caos sobre racismo, sexismo y demás ismos tan publicitarios copó justo el periodo entre la revelación de los primeros tráilers y el estreno de la película en Estados Unidos, es decir, cuando muy pocos habían accedido al producto final y por tanto su opinión podría -y debería- pesar lo que pesa la nada.

Cazafantasmas tiene un 5,5 en iMDb, un 74% en Rotten Tomatoes y un 5/10 en FilmAffinity

Hay un concepto relativamente usado en marketing, ‘gimmick’, cuyo equivalente no exacto en castellano viene a significar lo mismo que ‘cebo’: y fue el propio Paul Feig quien empezó a azuzar el ascua de todo el residuo posterior expresando en Twitter su sorpresa ante los usuarios –esto es, gente anónima, desconocida, irrelevante, pequeña- que recelaban de un Cazafantasmas femenino, considerando la propuesta más un giro publicitario que una idea original. El artículo original que recoge la reacción del director lo publicó la CNN, pero remitía a su vez a una nota de Cinema Blend en la que ya se perdía este rastro: en condiciones normales –ese arcadiano conjunto, las condiciones normales-, la reacción de un director de Hollywood a comentarios de tuiteros sin reputación contrastada debería haber pasado de largo. Pero, ¿cómo perder esa oportunidad de mantener vivo el hype por la película? Sobre todo considerando que los críticos originales, más preocupados de la reputación de la versión ochentera –como ocurre por cierto con todos los remakes actuales de películas de aquella época- ni rozaban por lo general la cuestión de género. En días sucesivos se multiplicaron los artículos con metarreferencias machistas, tomando como base en definitiva algo no palpable ni firme sobre algo que la gente ni siquiera había visto aún. Algunos de los medios más importantes del mundo se unieron, y el resto, como se dice, es historia.

» Crítica en AULLIDOS.COM

Alimañas había, en efecto, esperando el primer movimiento para boicotear la película: y encontraron el momento perfecto cuando salió a la luz el primer tráiler. Para no arruinar la sorpresa a quienes aún no la hayan visto, un matiz: es regulera, pero el tráiler es peor. Malo con avaricia. Y donde digo avaricia digo intención. Una intención manifiesta, coordinada de verdad. Ya de entrada sorprendió cierta perversión en las escenas elegidas y editadas para servir el anticipo de la cinta: en todas, las protagonistas parecían ser bastante más estúpidas y anodinas de lo que finalmente resultan ser en la película. Incluso incluyen un corte en el que la actriz de color Leslie Jones, masacrada –de nuevo en redes sociales– tras el estreno, menta de forma explícita racismo y machismo: una escena evidentemente preparada y parece que calzada en el rodaje ya con la reacción caliente de los primeros trolls en el bolsillo. Bien: el tráiler de Cazafantasmas 2016 pasó a la historia por ser el que más ‘dislikes’ (no me gusta) cosechó en YouTube, algo que medios especializados atribuyeron a una acción coordinada de fuerzas misóginas dominadoras. A nadie se le ocurrió, obvio, que esto hubiera formado parte del show. Porque nadie nunca haría eso, es decir, reincidir en los clichés tan rebotados por los medios sobre una película que al final nace como mártir y cuyo visionado y adscripción acaba siendo más dogma de fe que otra cosa, independientemente de su resultado. Nunca. ¿Verdad? Porque total, si algo nos ha enseñado el dios verdadero del vórtice capitalista es que los tuiteros -tan difíciles de comprar- siempre tienen la razón.

» Crítica en FOTOGRAMAS

El segundo hito en el obscuro recorrido de los tabúes de Cazafantasmas llegó con su estreno en Estados Unidos. Además del ataque a Leslie Jones –también en ese microcosmos engañosamente representativo: a nadie se le ocurriría decir que Obama es yihadista porque veinte usuarios lo tuiteran a la vez. ¿O sí?-, la película no volvió a ser noticia por su reparto femenino. Sino porque era mala. Es mala. No mala en el sentido de estar mal hecha, sino mala en el sentido de estar mal planteada, y siempre respecto a las dos versiones de los ochenta. Aquí, claro, hay que retomar lo de los nostálgicos resentidos: la Cazafantasmas nueva es una película vistosa, a ratos divertida y sí, tiene su punto, sobre todo para los que tontean con los treinta y tantos. Pero desde luego no es una película pensada para los estándares culturales o intelectuales en los que este mundo melindroso de hoy dice apoyarse, como tampoco lo eran aquellas en su momento para los mayores de entonces: esas brutalmente idiotas, que tanto nos gustaron nos cogieron en edad de descubrir el mundo y cuyos hijastros contemporáneos vienen a robarnos la alegría y embotellarla en ediciones de coleccionista de Blu-ray.

Kate McKinnon

Kate McKinnon (Foto: wallpapersinsider)

Somos la generación que peor lleva que le pisoteen los recuerdos, así que tenemos que acudir rápido a los opios modernos –sensibilidades, los mencionados ismos, vetas ideológicas- para desatar la crítica. Y hay gente ahí fuera a la que le viene muy bien en términos estrictamente económicos darnos importancia. Si nos abstraemos y observamos a distancia cómo ha crecido la recurrente y publicitada polémica en torno a Cazafantasmas, observaremos enseguida que nos han utilizado. Qué más da que sean mujeres –por cierto: están genial las cuatro-, qué más da que haya una negra. A nadie le importa eso: o mejor dicho, le importa a cuatro majaras a quienes los medios –y quién sabe si no los promotores de la cinta- han estado encantados de dar voz y voto desde el principio. Podemos llevarnos las manos a la cabeza o podemos disfrutar. Y casi siempre renta más lo segundo.


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Una idea sobre “Cazafantasmas es horrorosa y no es culpa de nadie

  • Daniel T.

    ¿En qué jardín no te metes, Mañero?

    Comparto tu opinión y respeto otras, pero no todas. No todo vale.

    Es una vergüenza cómo se aprovecha la ignorancia del publico general, que no puede ver, obviamente, las previews a las cuales algunos críticos misteriosamente las productoras sí dan acceso, exclusividad que elimina la posibilidad de contrastar la veracidad de sus testimonios. El efecto que surten los ríos de tinta de los que hablas es de una tristeza terrible en la mayor parte de las ocasiones, siendo capaces de socavar la producción más brillante y rescatando del fango a auténticos bodrios.

    Los medios especializados están cada vez más lejos de los ideales periodísticos, con frecuencia les pierden sus filias y sus fobias. Es odioso ver cómo un mismo crítico de cine puntúa de forma desastrosa todo lo que tenga que ver con Warner y con DC y al mismo tiempo ponga por las nubes a Disney y a Marvel HAGA LO QUE HAGA, de la misma forma que hay periódicos de izquierdas y de derechas, del F. C. Barcelona (del Real Madrid no hay nada escrito en papel actualmente), de Apple o anti… Un verdadera lástima.

    La única recomendación que podría hacer al respecto (y esta es una pista para reconocer aquellos medios polarizados, pues nunca le dirán algo parecido): intente formar su propia opinión, vea con sus propios ojos y decida qué le gusta y qué no.