El periodista y el mendigo

Hace tiempo que podemos medir el morbo en porcentajes representativos y números lejanos y redondos agregados, en concreto el tiempo del que nos servimos de las audiencias para ver, sin cortapisas, qué funciona y qué no. Es un secreto a voces que el periodismo deportivo en televisión funciona mejor cuanto menos tiene de periodismo y de deportivo: ahí está el espacio deportivo de Cuatro, cada día muy por encima de la discreta media de la cadena (6,6% de share en marzo, un poco mejor que el 6,5 de febrero), donde hace unos años Manolo Lama deleitó al mundo con un vergonzoso ejercicio de inhumanidad, quizá involuntaria, que en todo caso dejó al aire algunas de sus carencias –y por extensión las carencias de la profesión llevadas al tubo, a la barra del bar, a la retina ebria- en el que parecía jalear a unos aficionados españoles a reírse de un mendigo en Alemania. Su estropicio fue ya entonces, en una era de incendios digitales aún controlados, un meteorito. Lo inadmisible de su torpeza no encontró réplica en forma de reprimenda pública (personalmente considero que todo lo que no fuera cesarle ese mismo día era un error) y estableció por defecto un odioso precedente, cuajado en lo miserable del hombre y lo explosivo de las redes a partes iguales. Por eso, cuando los aficionados del PSV Eindhoven que viajaron a Madrid para enfrentarse al Atlético la tomaron con unas rumanas en la Plaza Mayor, la gente fue corriendo a ver si Lama condenaba o no el ataque, de la misma manera que buscamos en otros representantes a otros niveles esas réplicas contundentes sin aristas a lo indescifrable. El mismo 15 de marzo que saltaba la noticia antes de la hora de emisión de Deportes Cuatro, el programa se aupó, con 1,03 millones de espectadores y un 7,8% de share, a su mejor resultado de la semana, que había comenzado floja. Aquel martes tenebroso la andanza antológica de Lama en Alemania impulsó a la audiencia que quería verle en el aprieto de bajar la cabeza o condenar: y, con todo su cemento en los pómulos, condenó. Como la cosa no tuvo más recorrido, la audiencia del programa volvió a fluctuar y bajó a niveles más modestos. Fue el único día del último mes (desde el 23 de febrero) en el que los deportes de Cuatro entraron en el top 25 de programas más vistos del día en la TDT. Su horrible performance en directo en Hamburgo es de largo su inversión más certera en esto de la televisión. Siempre que le quede a su empleador una bala que gastar, podrá tirar de aquel inagotable fruto de la vergüenza al que acude incondicionalmente su manada en technicolor.

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