40 años de Joaquín Sabina


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EL POETA VENTRAL

En 1977, Joaquín Sabina volvía a España de su exilio en Londres y contraía matrimonio con Lucía Inés Correa para quedarse. Más de 200 canciones después, matizado por la edad, autoconsciente de la limitación que a su andadura le corresponde por el paso del tiempo y reconocido atlético, edita su 18º álbum de estudio: ‘Lo niego todo’

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EL DÍA QUE NO ESTÉ

Allí, sobre los muelles rechinantes de jergones cansados de sostener amantes, se encontró con lo más inspirador que un escritor, sea bueno o malo, viejo o joven, profesional o amateur, puede encontrar: los ojos lascivos de una mujer

Todas las mujeres de Joaquín Sabina (Elaboración propia)
Todas las mujeres de Joaquín Sabina (Elaboración propia)

PONGAMOS QUE HABLO DEL ATLETI DE JOAQUÍN

Sabina nos recomienda el sexo sin boda. Y nosotros, que pensábamos que lo cumpliríamos, nos vimos dos veces en el altar. Primero fue en Lisboa, donde Sergio Ramos le hizo un escrache a la novia en la puerta de la iglesia

Joaquín Sabina, colchonero de adopción como se encarga de recordar su íntimo Pancho Varona, fue uno de los partícipes del himno del centenario del Atlético de Madrid (2003), que fiel a su estilo repasa durante seis minutos lo que da de sí la canallesca rojiblanca; el tema, encargo del propio club, lamenta por igual derrotas que victorias y abunda en la narrativa resiliente que acuna a sus seguidores. En él hace mención incluso al actual Rey de España Don Felipe VI, por entonces «principito heredero, corazoncito de colchonero». También referencia al Vicente Calderón, que dejará de ser en breve casa atlética: «¡Ni Wanda ni pollas!», exclamó durante una actuación Leiva, ahora colaborador de Sabina en sus trabajos. Ni una palabra oficial se ha dicho sobre si esto implicará el retoque a cualquiera de las composiciones, sea la original o esta festiva, que nombran el estadio. Sí estaba dispuesto a hacerlo antes la final de la Champions de 2016 ante el Real Madrid en Milán, y fue el propio Sabina quien vaticinó el borrón a cambio de la hipotética alegría: «Si nos llevamos la Champions hay que cambiar el estribillo». Pero luego, e igual que ocurriera dos años atrás, no hizo falta.